Bashar Bardo, de 34 años, llegó a Bariloche el jueves de la semana pasada y se mostro esperanzado con su futuro en el país. "Soy una persona pacífica", expresó. ¿Cuál fue el camino que lo llevó a convertirse en un refugiado?

Bashar Bardo, un ingeniero agrónomo de 34 años de edad, quien llegó a Bariloche en calidad de refugiado el jueves de la semana pasada, manifestó ser "una persona pacífica" a la que "no le gusta la guerra" y que no quiere "pelear en ningún bando".

Nacido en Damasco, Bardo dijo a Télam que "en el 2011, apenas comenzaron a caer las primeras bombas sobre mi ciudad, supe que luego de haber terminado el servicio militar obligatorio, tarde o temprano pero indefectiblemente, sería llamado por el ejército para ir a la guerra".

"Antes de la guerra, Siria era un país muy pacífico. Yo trabajaba y estudiaba en Damasco, vivía con mis padres y mis dos hermanos y una hermana, y no había problemas. Pero Damasco se transformó de pronto en un campo de batalla, con soldados y bombardeos, incendios y muerte. A los ataques respondía una defensa muy fuerte, la vida fue muy dura desde entonces", relató.

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En 2012 fue en busca de un destino más tranquilo a Beirut, en El Líbano, donde se pudo acomodar con la ayuda de amigos, y en un viaje a un congreso científico en India, en 2013, entabló una amistad que sería fundamental en sus planes de alejarse del convulsionado Medio Oriente: conoció a una vecina de Bariloche, Jessica Gallardo.


Ese año Jessica le sugirió que intentara tramitar una visa para turista para la Argentina. Pero no tuvo suerte, y continuó viviendo en Beirut y viajando ocasionalmente a Damasco para ver a su familia.

La situación bélica en Siria empeoraba, un hermano suyo fue convocado a la guerra por el ejército, y otros parientes murieron, mientras otros familiares intentaban continuar una vida normal entre las bombas: su padre como ingeniero Civil y su madre como maestra.

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En 2016 Jessica supo del programa nacional de Visado Humanitario y el más específico Programa Siria, y lo invitó a iniciar la gestión para emigrar, convirtiéndose en su "llamante". Ella, a través del Nodo Lagos del Sur del Refugio Humanitario, está ahora a cargo de ayudarlo con el alojamiento, los recursos y la búsqueda de trabajo para su nueva vida en el país.

Este viernes, en una soleada pero gélida jornada, Bashar recorrió las calles apacibles de Bariloche con una expresión de alegría, acompañado por Jessica, su intérprete además de "llamante", porque él se comunica en inglés.

A pesar de intentar aprender español en El Líbano y Siria, recién incorporó las primeras palabras de verdad con la ayuda del grupo que lo recibió en el aeropuerto de Bariloche, en especial de una niña provista de globos de bienvenida que le aportaba el primer léxico.

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"Este lugar es bellísimo y estoy muy esperanzado con mi futuro en Bariloche y Argentina. Me recibieron muy bien y ya veré cómo sigue mi vida en los próximos días", expresó, un poco aturdido por cómo se precipitó su destino en los últimos 15 días, cuando supo que le habían otorgado la visa argentina y comenzó a organizar el viaje, que comenzó a principios de la semana en Beirut y llegó a Bariloche tras una breve escala en Buenos Aires. Dijo conocer bien el desarrollo agroindustrial del país y se mostró con expectativas de trabajar en su especialidad, aunque no descartó encarar cualquier otra ocupación.


Jessica explicó que no quiere "abrumarlo" aún con las cuestiones cotidianas, pero que ya estuvo indagando lugares en los que podrá estudiar español, e incluso trabajar en el ámbito de la ingeniería agropecuaria, con numerosos desarrollos en la ciudad y la región.