Se trata de Kylie Merola, una estadounidense de 22 años, que logró un cambio de hábitos para mejorar su calidad de vida. La historia de su transformación se hizo viral. Mirá.

La obesidad es una enfermedad que afecta a millones de personas alrededor del mundo. El aumento de peso se nota en el espejo y también en los controles médicos. Las consecuencias en la salud son evidentes y en varias ocasiones provocan la muerte con el paso del tiempo.

Kylie Merola,
una joven de 22 años, logró superar esta enfermedad y salvar su vida. Sufría sobrepeso desde que tenía cinco años y llevaba hábitos alimentarios desfavorables para su salud, que combinados con dos enfermedades como el Síndrome del Ovario Poliquístico (SOP) y el hipotiroidismo hicieron llegue a pesar unos 148 kilos.

MUJER BAJÓ DE PESO

Al terminar la secundaria tomó la decisión de realizarse un by pass gástrico que la ayudara a comenzar con el descenso de peso.

Pudo ver los resultados rápidamente cuando, tras esa cirugía, el volumen de su cuerpo se vio notablemente disminuido. "Tenía una forma enorme y se había convertido en más pequeña, pero con el colgante de la piel flácida", explicó Merola. Por eso, tras un tiempo de estricta dieta durante el que siguió dejando kilos en el camino, decidió someterse a una abdominoplastía para retirar esos "colgajos" de piel que estaban de sobra y le generaban molestias.

Sin embargo, no solo las cirugías renovaron su aspecto, sino que sus hábitos de vida se modificaron por completo: cambió su alimentación basada en comida rica en calorías -basada principalmente en comida chatarra- por una dieta rigurosa que incluía pollo, ensaladas, verduras y lácteos como principales componentes.

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Kylie también inició una rutina constante de ejercicios, lo que le permitió agilizar pequeños momentos diarios como el de atarse los cordones de las zapatillas. "La primera operación fue sólo una herramienta para comenzar a recorrer el camino hacia mi meta, pero después tuve que empezar a cuidarme en todo lo que comía, asegurarme de que ingerir todos los nutrientes necesarios y también comenzar a moverme", manifestó Merola.

Antes de la operación, la joven desayunaba un bagel con queso crema, almorzaba una hamburguesa o un sándwich, comía una barrita de granola acompañada por un capuccino en la merienda y cenaba pizzas, que preferentemente eran seguidas de brownies o cheescake de postre. Pero luego de la cirugía todo se modificó: para la mañana elige huevos blancos, en el almuerzo come ensaladas con aderezos livianos y un licuado, cena pollo a la plancha con espérragos o brócoli y de postre opta por un yogurt.

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"Estaba determinada a hacer cualquier cosa para perder peso, sabía que si no tomaba decisiones importantes terminaría pesando unos 273 kilos en unos años más. Y cuando ahora veo mi cuerpo al despertar pienso: 'wow, esta soy yo' y soy mucho más feliz", concluyó la joven.