El chico se quebró una muñeca en la escuela, lo operaron en un hospital pero falleció por una dolencia cardíaca mal diagnosticada y un erróneo procedimiento médico que complicó su cuadro. Trece años después, sus padres recibirán más de 4 millones de pesos por daño moral.

Una familia de Comodoro Rivadavia cobrará una indemnización de más de 4 millones de pesos, trece años después de que su hijo mayor muriera por mala praxis en el Hospital Regional.

La Cámara de Apelaciones condenó a dos médicos a un cardiólogo residente, al jefe del Servicio de Pediatría, al Estado provincial y a la aseguradora.

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Según publicó el diario El Patagónico, el niño tenía 12 años y era el mayor de cinco hermanos. Entró al Hospital el 17 de junio de 2004. Se había fracturado la muñeca izquierda en una caída en la escuela. Lo operaron pero surgieron dolencias cardíacas que agravaron su estado hasta su muerte, el 28 de junio.

Antes de operarlo al niño se le hizo sólo una radiografía pero no un electrocardiograma, rutina obligatoria para cualquier intervención. Los camaristas detectaron en su historia clínica textos ilegibles, firmas sin aclarar, correcciones sobrescritas y tachaduras sin salvar.

Hospital

De acuerdo a la sentencia, el menor ya registraba arritmia cardíaca previa. Lo operaron guiándose por un viejo electrocardiograma de 2001, ya inválido. Si los médicos hubiesen trabajado bien se pudo posponer la cirugía, modificar el tratamiento o derivarlo a un sanatorio de mayor complejidad. "Los galenos generaron un riesgo injustificado en la salud del niño.".

El Hospital no contaba ni con terapia intensiva infantil ni con cardiólogo infantil. "Aún así se aventuraron a operarlo. Existía una carencia total de infraestructura y personal". Se siguió con el procedimiento sabiendo esta carencia de recursos y "con el cabal conocimiento que no se contaría tras la cirugía con medios adecuados para atender cualquier situación".

Hubo un pedido de derivación pero tardó varios días."Si se hubiera efectuado oportuna e inmediatamente la situación hubiera sido diferente y seguramente el niño hubiese recibido anticipadamente un tratamiento de sostén de mayor complejidad y hubiese tenido oportunidad de vivir".

Nadie respetó el protocolo de terapéutica médica que recomienda la Sociedad Argentina de Cardiología para el tratamiento de arritmias. En plena cirugía se detectaron anomalías cardíacas. Sólo el anestesiólogo sugirió una consulta urgente. El doctor W, cardiólogo de adultos, pidió estudios complementarios y medicó al niño. El panorama se complicó y pidió la derivación. Era 23 de junio, seis días después de su internación.

La comunicación a Rawson fue recién al día siguiente. El caso pasó de sugerencia a "derivación urgente" en sólo 24 horas. Pero no hallaron camas. El niño falleció tras dos paros cardiorrespiratorios y la colocación de un marcapasos.

Los padres no habían sido informados de los riesgos. Tampoco se agotaron todas las opciones para derivarlo a tiempo, aún a un instituto privado.

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Según los jueces, si el Hospital no tenía especialistas ni terapia, el nene debió ser trasladado urgente tras su diagnóstico de arritmia y se debió practicar un electrocardiograma completo para luego medicarlo. Pero recién después de una semana de internación los médicos reaccionaron.

"Cada día que pasó fue determinante. Sin embargo, se desperdició una semana entera antes de decidir lo que debiera haberse decidido apenas advertida la patología. La demora fue fatal", explicó la Cámara.

Ninguno de los responsables advirtió la urgencia, en especial el cardiólogo.

También es responsable el Estado provincial, por su obligación de garantizar la salud de su población. "Lo mínimo que puede exigírsele a un hospital público es que cuente con los medios técnicos necesarios para atender al ciudadano. Los impuestos se pagan con esa finalidad, y ningún destino puede ser más prioritario que el de preservar la vida".

Según la sentencia, "no cabe duda de que la muerte de un hijo es el mayor dolor humano que es posible experimentar. No se puede describir con palabras el desgarrador sufrimiento, angustia y desolación que para los padres significa la pérdida del ser que un día trajeron al mundo".

Un informe recomendó tratamiento psicoterapéutico para todos durante uno y dos años. Su padre tenía 34 años y la madre, 30 años. Sus hermanos tenían 13, 11, 8 y 7 años.

El padre de la víctima en contacto con El Patagónico aseguró que no tiene información sobre esta sentencia y que sus abogados están trabajando en el tema ya que ellos tampoco están notificados del mismo.