Se tratan de matrimonios que no pueden tener relaciones sexuales.
Lo que define a un Matrimonio no Consumado, llamado también "matrimonio en blanco" es la incapacidad para llevar a cabo la penetración intravaginal. No se trata de una decisión voluntaria, sino que, por el contrario, se vive con pudor, vergüenza e incluso con resignación. Generalmente es un secreto que sólo se acepta dentro de los límites de la pareja. Aunque su tratamiento no solamente es posible, sino hasta bastante sencillo y con buenas posibilidades de éxito, las parejas ocultan su dificultad durante mucho tiempo y no se animan a consultar.

Ana Maria (28 años): hace 3 años que estoy de novia, nos queremos mucho, siento deseo, me excito y lubrico, alcanzo mi orgasmo (a veces mas de uno) pero cuando mi novio intenta penetrarme no puede, siento que la vagina se me cierra.

Sol (30 años): Yo deseo mantener relaciones con mi novio pero cuando él lo intenta siento que se me cierra la vagina. Él hace más fuerza y siento un dolor muy fuerte. Nunca pude hacerme un control ginecológico ni un Papanicolau.  Estamos muy preocupados porque a este paso nunca podre tener hijos

Juan Carlos (38 años): Con mi esposa llevamos tres años de matrimonio y nos queremos mucho, pero todavía no pude penetrarla y eso nos atormenta a ambos, nos sentimos como dos monstruos  enfermos ya que es una situación muy rara.

Estas parejas, en general, se quieren mucho, se divierten en la cama, se estimulan oral y manualmente, pero la penetración es imposible. A veces es uno de los dos miembros el que aparenta tener el problema y otras veces son ambos. Él puede tener dificultades en la erección o ella padecer vaginismo. Ella puede tener una verdadera fobia a ser penetrada y él ser un eyaculador precoz que eyacula antes de penetrar. O ambos padecer un deseo sexual inhibido o hipoactivo, con baja libido.

Las dificultades pueden alternarse en el tiempo o ser concomitantes, pero siempre es un problema de dos. Cuando él quiere penetrarla, ella involuntariamente presenta una contracción de los músculos de la vagina; si ella pudo relajarse él eyacula antes de la penetración vaginal.

Incluso he tratado varios casos donde habían tenido hijos –por cesárea- y la mujer seguía siendo vírgenes (sus parejas habían eyaculado en la puerta de la vagina abierta y lubricada, sin penetración).

Muchos temores los invaden: a la maternidad o paternidad, al embarazo, a ser desgarrada o lastimada, a sufrir, a dañar o ser dañado en los genitales. Si bien no podemos hablar de causas en general ya que se ve cada caso de la pareja en particular, hay factores psicológicos (muchas veces abusos sexuales en la infancia y antecedentes de violaciones), familiares, educacionales, religiosos y del vínculo en sí mismo.

Lo que finalmente decide una consulta suele ser el deseo de tener un hijo o el temor a que la relación se termine.

¿Existe un tratamiento efectivo?

Así es, la terapia sexual está al alcance de todos y ofrece un tratamiento corto, relativamente sencillo y con un elevadísimo porcentaje de éxito. Se logra resolver, lo que durante años se ocultó, en 10 a 15 sesiones. Incluso, exitosamente, he tratado parejas, a distancia.  

Tal como dice Sylvia de Béjar "vivir sanamente el sexo es un placer al que todos los mortales deberíamos acceder con libertad".

Lic. Diana M. Resnicoff. Psicóloga clínica. Sexóloga clínica.
TE: (54-11)4831-2910
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