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21 de mayo de 2007 - 08:25

Claudia Villafañe: la Patrona

*Bancó como ninguna, pateó el tablero y pidió el divorcio, pero encontró su lugar como administradora de los bienes y negocios de su ex marido.
*Aquí, un recorrido por la relación del Diego y la Claudia, una historia con final abierto.
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Es inevitable… la historia de un ídolo suele estar plagada de escándalos y capítulos oscuros. Y si de ídolos hablamos, qué decir de Diego Armando Maradona, ídolo por excelencia: lengua filosa, personalidad avasallante, micrófonos permanentemente disponibles y una marcada parábola de vida que lo llevó de la más absoluta miseria a la gloria mundial y que terminó condicionando su existencia.


 


minutouno.com repasará a lo largo de esta serie los expedientes secretos del futbolista más grande de la historia pero, sobre todo, de un hombre que, a fuerza de sobrevivir, tuvo que reinventarse una y otra vez.



 


La historia de amor entre Diego Maradona y Claudia Villafañe empezó como un cuento de hadas, pero no terminó como tal. Sin embargo, tampoco resultó una historia de terror: las hijas y los negocios en común los mantienen unidos después del divorcio, en una relación cuyo tercer tiempo es un secreto que solamente ellos conocen.


En el libro "Yo soy el Diego", Maradona cuenta en primera persona cómo se puso de novio con Claudia.


En el libro “Yo soy el Diego”, realizado por Daniel Arcucci y Ernesto Cherquis Bialo y editado por Planeta, el Diez cuenta cómo se puso de novio con la mujer que iba a ser la madre de sus hijas:

“Ya estaba instalado definitivamente en la casita de la calle Argerich, con toda mi familia. Era una típica casa de barrio, propiedad horizontal. Nosotros vivíamos al fondo y adelante estaba la familia Villafañe: don Coco, taxista y fanático de Argentinos, doña Pochi, ama de casa, y… la Claudia. Creo que nos empezamos a mirar desde el primer día, cuando me instalé ahí, en octubre del ’76. Ella me miraba por la ventana cada vez que yo salía y yo me hacía el boludo, pero siempre la relojeaba. Eso sí: recién me le animé casi ocho meses después. Exactamente el 28 de junio de 1977. Fui a bailar a un clásico del barrio: el Social y Deportivo Parque. Ahí, sobre las baldosas de la cancha de papi, las mismas en las que jugaban todos los monstruitos que después terminarían en Argentinos, se armaban unos bailongos bárbaros. Después de las dos de la mañana empezaban los lentos y ése era el gran momento. Yo estacioné mi Fiat 125 rojo en la puerta y me mandé… Ella estaba adentro, con sus compañeras del colegio, iba al quinto comercial. Los dos sabíamos que nos espiábamos, así que apenas la cabecié, aceptó. Justo, justo en el momento en que empezamos a bailar, ni nos habíamos saludado todavía, meten el tema “Yo te propongo”, de Roberto Carlos… ¡Espectacular! Me ahorró todas las palabras, que justamente no me sobraban. A partir de ahí, a partir de ese momento exacto, somos El Diego y La Claudia.”

Claudia, la que banca todo



Claro que fueron “el Diego y la Claudia” más el resto de las mujeres a las que el Diez no pudo resistirse aún estando casado y que le dieron varios hijos que Maradona nunca reconoció.


Las únicas reconocidas y amadas por el jugador fueron las hijas que tuvo con Claudia Villafañe: después de estar 10 años en pareja, el 2 de abril de 1987 nació Dalma Nerea y el 16 de mayo de 1989, llegó al mundo Gianinna Dinorah.


 


Dalma Nerea y Gianinna Dinorah, las dos únicas hijas reconocidas y amadas por Maradona, fueron fruto de su amor por Claudia.    

Y después de haber sido padres por segunda vez, llegó el deseo de ambos de formalizar la relación: así fue que a sólo seis meses del nacimiento de su segunda hija,  el 7 de noviembre de 1989, Claudia y Diego tuvieron su mega-fiesta en el Luna Park: una celebración con 1.500 personas en la que no faltó nada, para la que se fletaron charters con invitados famosos desde Europa y que costó millones.



El tiempo pasó y los disgustos se siguieron sumando: problemas con el fisco, problemas con la droga y más problemas con las mujeres –incluido un affaire con Lucía Galán, la pelirroja de Pimpinela- hicieron que el vaso, finalmente, rebalsara.



Claudia, la representante



El 30 de octubre de 2000 Diego cumplió 40 años y presentó su libro “Yo soy el Diego de la gente”, en el que cuenta su trayectoria futbolística y algo de su relación con Claudia. Habría que ver qué modificaciones le haría el Diez a los párrafos dedicados a su ex mujer si pudiera reescribirlo ahora, porque casi 4 años después de la presentación y unos 14 años después de la fiesta de casamiento, llegó el final: el 7 de marzo de 2003, Claudia inició la demanda de divorcio por abandono del hogar, porque Maradona se había ido a vivir a Cuba más de tres años atrás y la separación ya era un hecho.


 


El 7 de marzo de 2003, Claudia inició la demanda de divorcio por abandono del hogar, porque Maradona se había ido a vivir a Cuba más de tres años atrás.    

El mismo año de su divorcio, Maradona terminó otra de sus relaciones más importantes: se desvinculó de Guillermo Cóppola, su representante y amigo, y le inició una demanda por un supuesto dinero adeudado. A partir de ese momento, Claudia, que había dejado el título de esposa por decisión propia, se puso la camiseta de “la patrona” para pasar a ser la representante y administradora de los bienes y negocios del futbolista.



Después del divorcio, Diego intentó reconquistar a su mujer por todos los medios y hasta se valió del aire que le dio su programa “La Noche del Diez”, que se emitió en 2005 por Canal 13 y que Claudia dirigía aún sin tener oficialmente el papel de productora: allí le cantó serenatas y hasta le regaló una fastuosa vincha de diamantes. En una de las emisiones, hasta Mirtha Legrand se atrevió a predecir el futuro del Diego y la Claudia: “Van a terminar juntos”, dijo la diva de los almuerzos, pero su predicción todavía no se cumplió y cada día parece más lejana.


 


Claudia, ¿desplazada?



A pesar de que Diego repitió en miles de ocasiones y lugares que Claudia era la mujer de su vida y su único amor, el tiempo y los sucesivos rechazos de su ex esposa -que nunca aceptó, después del divorcio, darle la segunda oportunidad que le pedía- hicieron de las suyas y dieron lugar a la aparición de otra mujer de Villa Fiorito en la vida del Diez: Verónica Ojeda, una joven de 27 años a la que habría conocido en noviembre de 2005 y alrededor de la cual circularon hasta rumores de embarazo.


 


Después de intentar por todos los medios que Claudia le diera otra oportunidad, en la vida del Diez apareció otra mujer de Villa Fiorito: Verónica Ojeda.    

Después de estar al lado de Diego en las alegrías y en las penas, en la salud y en la enfermedad


sobre todo en la enfermedad, porque Claudia siempre estuvo a su lado en las distintas internaciones del Diez-, habrá que ver si la presencia de esta otra rubia, mucho más joven, llega a desplazar a la que todos consideran la mujer de Maradona, más allá del divorcio y de las amantes varias.



¿Qué pensaría Claudia si los rumores de embarazo se confirmaran y Verónica diera a luz a un hijo que el Diez reconociera? ¿Cómo influiría un tercero en la vida –y en la herencia- de las dos únicas reconocidas y amadas por Maradona?



Ese será, tal vez, un nuevo capítulo en la relación del Diego y la Claudia, un capítulo en el cual es posible que el perfil bajo de “la patrona” se dispare y la eficaz administradora saque las uñas y las afile para defender lo que es suyo, y de sus hijas. El tiempo lo dirá.

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