"Triste funeral, pobre y sombrío, que se hizo en una iglesia junto al río, en esta capital, al ciudadano, brigadier general Manuel Belgrano", escribió el sacerdote Francisco de Paula Castañeda. A las 7 de la mañana del 20 de junio de 1820 murió el creador de la bandera en la más extrema pobreza. Tanta, que la familia no tenía dinero para hacer la lápida de su tumba y se la improvisó con el mármol de una cómoda de su hermano Miguel Belgrano.


 


Hoy se le rinde homenaje conmemorando la fecha de su fallecimiento, a causa de la hidropesía. La muerte lo encontró solo, empobrecido y enfermo, y un único diario, de los ocho que había en aquel tiempo, mencionó su deceso. El día anterior, había entregado a su médico su reloj de oro, que era todo el bien que le quedaba, de su entrega a la Patria y a su emancipación.


 


Nacido en Buenos Aires el 3 de junio de 1770, Manuel Belgrano supo anticiparse al dicho y buscó en Salamanca lo que natura no le prestó. Así, y luego de cursar el secundario en el Colegio San Carlos (el actual Nacional Buenos Aires), se trasladó a esa universidad y luego a la de Valladolid donde en 1793 se recibió de abogado.

Movido más por deseos pedagógicos que políticos, desde su puesto como primer Secretario del Consulado se propuso fomentar la educación, el reconocimiento de los docentes y el aprendizaje de oficios para toda la población. En esta línea creó diferentes Escuelas como de las de Náutica y Dibujo.

Luego de cumplir un rol protagónico durante la Revolución de Mayo, en 1812 fue nombrado Brigadier del Ejército y se estableció en Rosario donde, a orillas del Paraná, creó la Bandera Nacional que fue izada el 27 de febrero en la isleta Independencia.


 


Reconocido por su humildad y renunciamientos, el dinero cobrado por su heroica liberación de Jujuy, Tucumán y Salta, unos 40.000 pesos oro, lo destinó a la construcción de cuatro escuelas en esa región. Sin embargo, el dinero fue desviado y nunca llegó a tales fines.