*Una de las obras más famosas del gran artísta belga René Magritte creada en el año '64.
*La vida de uno de los pintores que hizo historia en lo que fue el movimiento surrealista parisino.

El hijo del hombre es, sin duda, una de las obras de René Magritte que más repercusión. En ella, el artista yuxtapone imágenes características de su obra: la manzana, la pared y el personaje anónimo con bombín.


 


Fue pintada originalmente en el año ’64 como un autorretrato y consiste en un hombre, vestido de traje con una cortaba roja, y con el típico sombrero de bombín parado al lado de una pequeña pared que le llega a la cintura, detrás el mar y un nublado cielo. Lo más interesante y llamativo de esta obra de arte es que la cara del hombre en cuestión está completamente tapada por una manzana verde. Él no consideraba que su pintura fuera simbólica aunque en ella rozaba el mundo inexplicable de los sueños.


 


Muchos aseguran que el nombre hace referencia al actual hombre de negocios siendo el hijo de Adán (de la historia de la creación de Abraham) y la manzana representa la tentación con la que todos todavía debemos enfrentarnos en el mundo moderno.


 


Muchas veces, esta pintura es confundida con La Gran Guerra de Fachadas, otra de las obras de Magritte, donde una mujer está –también- de espaldas al mar y a una pequeña pared, con un paraguas y el rostro tapado por una flor.


 


 


Sobre la pintura, el gran artista declaró: “Todo lo que estamos viendo esconde otra cosa, nosotros siempre queremos ver lo que está escondido por lo que vemos, pero es imposible. Los humanos esconden sus secretos demasiado bien…”


 


Su vida


 


El artista nació en Bélgica y comenzó, luego de unos cortos cursos de pintura, en 1915 a crear sus primeras obras bajo la línea del impresionismo. Entre 1916 y 1918 empezó a estudiar en la Academia de Bellas Artes de Bruselas y expuso, por primera vez, en el Centro de Arte de Bruselas en el año ’20.


 


Luego de hacer el servicio militar, empezó a trabajar –temporalmente- como diseñador de una fábrica de papel y en el ’23 participó con Lissitzky, Moholy-Nagy, Feininger y Paul Joostens en una exposición en el Círculo Real Artístico.


 


El color brillante de sus obras y la forma tridimensional que plasma en sus pinturas muestran la influencia del cubismo, el orfismo, el futurismo y el purismo.


 


Pero en el año ’22 ve una reproducción de la obra La canción de amor de Giorgio De Chirico. Esta pintura lo impresiona profundamente y le genera una gran influencia. Desde ese momento, deja todas sus anteriores concepciones y comienza a basar su estilo en el de De Chirico.


 


Años más adelante, en el ’27, se instala en París y participa durante los próximos tres años del movimiento surrealista. Con excelentes artistas como Éluard, Breton, Arp, Miró y Dalí.


 


En el ’30 regresa a Bruselas huyendo del ambiente polémico que existe en París y pasa allí su tiempo hasta el año ’67, cuando fallece.