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09 de agosto de 2007 - 10:13

La inseguridad a la hora de tener relaciones sexuales

Sexual

Lo que debería ser y el cómo deberían salir las cosas a la hora de relacionarse sexualmente es una de las mayores causas de disfunción sexual. Esas expectativas y pautas que la cultura plantea cuando se habla de sexo esta completamente desvirtuada y genera muchos problemas, tanto en el hombre como en la mujer.


 


La inquietud por lograr el triunfo sexual se extiende. Ese hecho hace que muchas personas -de ambos sexos- traten simplemente de quedar bien.


 


Según especialistas, la falta de referentes sexuales realistas, unido a los delirios fantasiosos de la cultura porno o de la “televisión perfecta” es “completamente mentirosa”, favorece las falsas creencias y distorsiona el universo de lo sexual.

La publicidad y los medios en general no ayudan y suelen bombardear con mensajes que indican cómo “debe ser” el cuerpo de una mujer o de un hombre para ser atractivos y deseables para el resto y cómo debería ser una relación sexual “perfecta”.

Esta presión social de pertenecer a ese grupo es una de las causas más importantes de las dudas y las inseguridades a la hora del sexo.

Además de las altas expectativas que se depositan sobre el funcionamiento que se debe tener y las relaciones. Existe otra causa importante, la dificultad de respetar los ritmos naturales de los procesos y de los vínculos.

La creencia popular de que los hombres deben estar con cualquier mujer que se les cruce. Si pasa esto, existe la posibilidad de que su cuerpo no responda como a él le gustaría, entonces se produce la anticipación de las dificultades en la erección, porque no sabe si funcionará y si todo estará bien y eso genera un círculo vicioso cada vez más difícil de resolver.



Las mujeres, por el miedo que les genera perder a un hombre, pueden hacer dos cosas: o se apuran en tener relaciones sexuales o no logran conectarse con sus orgasmos. También existen las que hacen completamente lo contrario. Temen que el hombre las considere “poco femeninas” o “demasiado lanzadas” y para solucionar este supuesto problema se vuelven pasivas y estáticas.

Ambos deberían aprender que hablar de las necesidades sexuales o emocionales podría ayudar a satisfacerlos.



Cada persona es única y le gustan diferentes cosas. El juego en pareja se trata de conocerse y disfrutarse. Hay que hablar, sin herir ni descalificar.

En muchas oportunidades, los hombres que tienen problemas disfunciones suelen evitar los momentos eróticos, de esta forma, el problema, lejos de solucionarse se estancará y nunca se encontrará una salida.


 


En otros casos, cuando el sexo se desvirtúa y se convierte en una obligación, muchas veces el placer –lo que debe importar-, desaparece. Este deseo, que genera una activación en las áreas de placer en el sistema nervioso central, se transforma en estrés y ansiedad y como respuesta se obtiene un sentimiento evasivo o de lucha.



Una inseguridad se trata de una carencia, una situación específica en la que una persona siente que no tiene los recursos que se necesitan para satisfacer algunas expectativas, propias o de la otra persona.

Todos estos problemas generados absolutamente por la cabeza de una persona pueden disminuirse con el pasar del tiempo y el conocimiento de uno mismo o bien potenciarse con la inseguridad del otro, si el problema no se trabaja.

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