• Murió de un paro cardíaco a los 64 años. Amaba los autos, las motos y los viajes a África, donde despuntaba su pasión: la caza.
  • El Príncipe Rodrigo D'Arenberg tenía un estilo de vida muy particular. Lujo, animales disecados y un casa llena de recuerdos "vivos" de sus viajes. Las excentricidades de un hombre repleto de lujos y glamour.

Llamativo como pocos. Su casa es el reflejo más fiel de su estilo de vida. Cientos de animales disecados, en especial leopardos. Alfombras de piel de oso es su despacho, cabezas de animales colgadas de las paredes. Sin duda, el príncipe Rodrigo D’Aremberg no era amigo de la filosofía de Greenpeace. Su pasión era la caza.


Dedicó gran parte de su vida a viajar por el mundo; su destino preferido una vez por año era África.    


Su muerte significó un gran cambio en la noche esteña. Ya no más fiestas glamorosas en su mansión ni mucho menos decenas de famosos juntos, algo que sólo él podía lograr sin mucho esfuerzo. Durante 20 años vivió con un ícono de la moda y las pasarelas: Patricia della Giovampaola, quien aún no puede creer el fallecimiento de su marido.

Rodrigo D’Aremberg obtuvo el título de príncipe gracias a que su familia fue, alguna vez, la “familia real” de un ducado austriaco, el mismo que hoy pertenece a Bélgica. Además de  ser conocido por su título y su carrera empresarial, D’Arenberg será recordado por su excéntrica personalidad.

El hombre amaba las motos y los autos. Dedicó gran parte de su vida a viajar por el mundo; su destino preferido una vez por año era África, donde disfrutaba de su pasión, la caza. De allí la decoración de su mansión: plantas y animales de todo tipo en medio del living. Así vivió, y así se lo recordará.