Adriana Schettini
Adriana Schettini
*En la noche de estreno, el ciclo de Jorge Guinzburg, que emite Canal 13, se convirtió en el programa más visto de la jornada. Es de desear que los programadores sepan decodificar el mensaje que encierra esa reacción del público.

En su debut del jueves último, “La Biblia y el calefón”, el ciclo que conduce Jorge Guinzburg, por Canal 13, obtuvo 22,4 puntos de rating promedio y resultó el programa más visto de la televisión. El resultado conseguido por la propuesta, en materia de audiencia, se puede interpretar como un mensaje de los televidentes a los programadores de los canales. A mi entender, la reacción del público en la noche del estreno es la señal de que el verano no debería funcionar como una larga siesta para la televisión argentina.


 


De mitos utilizados como excusas para hacer de la temporada estival un compendio de naderías y repeticiones, está el medio televisivo lleno. O, al menos, eso es lo que parece, a juzgar por las estrategias de programación que se implementan en esta época del año. ¿Cuáles son algunos de esos prejuicios que les permiten a las emisoras castigar al espectador sin culpa ni remordimiento? Que como el encendido baja, el esfuerzo de producir no merece la pena. Que los mismos televidentes interesados durante nueve meses en la información y el entretenimiento, los dos pilares básicos de la TV, pierden, apenas comenzado enero, la curiosidad por cualquier cosa que no sean las notitas al paso con los turistas en las playas o los transeúntes agobiados por el calor en las callecitas porteñas, las guerras de vedettes, los accidentes de tránsito y los chimentos del espectáculo. Que, medio atontados por el rigor de la sensación térmica, deglutiremos lo que nos sirvan sin distinguir siquiera si es un programa elaborado con la dedicación que demandan los buenos platos, un tentempié cocido como fast-food o un mix de ingredientes recalentados. En fin, que en enero y febrero, todo es igual, nada es mejor.


 


Pues bien, cuando el menú televisivo incluyó en su carta un estreno, producido y conducido seriamente, para lograr el noble objetivo de divertirnos y hacernos reír, como fue la primera entrega de “La Biblia y el calefón”, el público se dejó seducir y le ofreció a la tele la recompensa que más le gusta, el alto rating.


 


Es de desear que esta primera experiencia veraniega lleve a las emisoras a poner al aire su catálogo de novedades 2008 cuanto antes, sin especulaciones dilatorias. Si tienen productos de calidad, que merezcan ser vistos, por favor, no cedan a la tentación de la avaricia de guardarlos hasta el invierno, porque la vida es hoy. Y el gusto de la gente, a Dios gracias, se mantiene en forma sin la cadena de frío.