Para muchos padres cuando llega la hora de comer empieza la guerra. Deben luchar contra sus niños que no quieren comer. Sin embargo, existen formas que te permitirán manejar la situación y lograr que los chicos disfruten de todos sus alimentos y sean abiertos al cambio.


 


La neofobia es el miedo a probar nuevas comidas y, aunque no lo creas, es una fobia muy normal, especialmente cuando les ofreces algo por primera vez, y también suele darse alrededor de los 2 y 3 años de edad.


 


Hace miles de años, es probable que la neofobia fuera un mecanismo de “defensa”, ya que se corría el riesgo de envenenamiento al probar nuevos alimentos. Sin embargo, hoy en día, si no se maneja esta situación adecuadamente, tus hijo corren el riesgo de tener una alimentación insuficiente o poco variada, con lo cual se sacrifican muchos nutrientes importantes para su crecimiento y desarrollo. Además, los alimentos que son rechazados casi siempre son las frutas y los vegetales, que son precisamente ricos en vitaminas, minerales y fibra.


 


En primer lugar, tené en cuenta que vos sos su principal ejemplo. Si tus hijos observan actitudes negativas de parte tuya hacia los alimentos, es menos probable que los quiera probar.


 


La variedad de alimentos ofrecidos en el hogar es muy importante para crear en los hijos la costumbre de probar diferentes platillos. Si todos los días se come casi lo mismo, es más probable que los niños sean cerrados ante un cambio. Además, recordá que la dieta debe ser variada para obtener todos los nutrientes esenciales.


 


La presentación es fundamental, porue  “todo entra por los ojos”. Usa tu imaginación y combina colores y texturas que hagan de la comida algo llamativo. Asegúrate también que la temperatura de los alimentos sea adecuada, ya que una mala impresión, como quemarse con el primer bocado, puede hacer que genere rechazo.


 


Si no quieren comer un alimento en especial, no lo obligues, pero trata en otra oportunidad. El secreto es cambiar la forma de preparar el alimento y probar nuevamente. Quizás lo mejor es que no lo hagas al día siguiente, sino unos cuantos días después, de manera que no se acuerden. Muchas veces, sólo con cambiar la preparación, podés llegar a obtener mejores resultados.


 


Finalmente es como dice el dicho: “Persevera y triunfarás”. Se recomienda ofrecer un alimento hasta 15 veces (o incluso más) antes de poder afirmar que al niño “no le gusta”. Esto requiere paciencia y mucho amor, porque es más fácil darse por vencido al segundo o tercer intento. Sin embargo, el esfuerzo vale la pena, porque vas a estar creando hábitos de alimentación saludables en tus hijos.