Pasó casi desapercibido en la jugada. Palermo y Riquelme salieron gritando el gol mientras que algunos jugadores de River reclamaban que la pelota no había ingresado. Sin embargo, la polémica estaba en otro lado, en un detalle casi imperceptible.

Riquelme intentó sorprender a Carrizo con un tiro libre lejano, que el arquero apenas pudo rechazar con el puño hacia arriba. La pelota tomó altura, Palermo saltó, se colgó del travesaño para suspenderse en el aire y cabeceó al gol. Esa jugada terminó liquidando el Superclásico marplatense.

El reglamente es muy claro: un jugador no puede apoyarse en los palos para sacar ventaja y convertir un gol. Entonces, el gol del 9 debió ser anulado por el árbitro Héctor Baldassi, único error en todo el partido.

Fue el tanto número once contra la camiseta de River. Martín Palermo volvió a demostrar ayer que está más vivo que nunca. Y promete un año lleno de gritos. Eso si: el 26 de enero será recordado como el día que el Loco hizo un gol… colgado del travesaño.