A medio siglo del día en que Alejandra Pizarnik se quitó la vida

Cultura

El 25 de septiembre de 1972, hace exactamente medio siglo, se quitó la vida una de las poetas argentinas más célebres.

La muerte de Alfonsina Storni no tuvo nada de romántico ni de poético, como sugieren la bella canción de Ariel Ramírez y Félix Luna y la película de 1957 dirigida por Kurt Land, con Amelia Bence encarnando a la poeta.

Al contrario, fue una decisión que se materializó abruptamente: en la madrugada del 25 de octubre de 1938, avanzó silenciosamente sobre la escollera del Club Argentino de Mujeres, en Mar del Plata, y se arrojó al mar. Las negras y turbulentas aguas consumieron lo que restaba de su vida.

34 años más tarde, hace exactamente medio siglo, otra de las más célebres poetas argentinas, Alejandra Pizarnik, tomaba una medida igual de drástica, aunque matizada por enfermedades mentales que se precipitaron en una decisión desesperada, en un grito para pedir la ayuda que nunca llegaría.

Biografía sumaria

La tartamudez infantil y el asma signaron sus primeros años de vida, situación que derivó en una compleja adolescencia. Con el transcurrir de los años se sumó la depresión, que persiguió a Alejandra Pizarnik hasta sus últimos días.

No obstante, esas enfermedades parecían no detener el futuro de poeta para el que estaba destinada, ratificados por sus primeros pasos en el mundo intelectual, donde se movía con soltura.

Así, estudió filosofía y letras y pintura. Entre 1960 y 1964 vivió en París, donde trabajó para editoriales, publicó poemas y críticas, y tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, y Aimé Cesaire, entre otros poetas franceses.

Estudió literatura francesa en La Sorbona y, al volver a Buenos Aires, publicó varios de sus poemarios más importantes: ‘Los trabajos y las noches’, ‘Extracción de la piedra de locura’ y la narración ‘La condesa sangrienta’.

Se hizo acreedora a las becas Guggenheim y Fulbright, y siempre estuvo rodeada por los intelectuales más reconocidos de su época. Lo que en algún punto podía ser estimulante, pero también asfixiante para una personalidad como la suya, cuyos problemas mentales comenzaban a materializarse en su vida cotidiana.

Alejandra Pizarnik: biografía #en4minutos

De hecho, su amiga Ana Calabrese hizo “en parte responsable de la muerte de Alejandra al mundo literario de la época, por fomentarle y festejarle el papel de ‘enfant terrible’ que ella actuaba. Según Ana, ese ambiente fue el que no la dejó salir de su personaje, olvidándose de la persona que había detrás” (Cristina Piña: ‘Alejandra Pizarnik, una biografía’. Corregidor, 2005).

Y la muerte de su padre, ocurrida en 1967, precipitó esas enfermedades, a las que sumó una creciente adicción a diferentes barbitúricos recetados y un estado de ánimo usualmente sombrío, que se agudizó en pocos años. “Muerte interminable, olvido del lenguaje y pérdida de imágenes. Cómo me gustaría estar lejos de la locura y la muerte… La muerte de mi padre hizo mi muerte más real”, escribió entonces en su diario.

Con el inicio de la década de 1970 comenzó un período de alejamiento de su círculo profesionales, de sus vínculos más estrechos, de lo que apuntaba a una definitiva autoclausura. Comenzó a llevar una vida sombría, como manifestaba en su diario.

En medio de esa profunda depresión publicó sus últimos dos libros: ‘El infierno musical’, en 1971, y ‘Genio Poético’, en 1972. Ese mismo año produjo la grabación de un fragmento de ‘Escrito con un Nictógrafo’, primer libro de Arturo Carrera: la voz de Alejandra quedó eternizada en esos versos ajenos.

Y llegaron los intentos de suicidio, con los que pretendía avisar de los inminente, de lo fatal. Fue internada en un centro siquiátrico. Pero el 25 de septiembre de 1972, durante un fin de semana fuera de la clínica, ingirió intencionalmente una sobredosis de Seconal. Tenía 36 años.

Poetas suicidas

Pero Alfonsina no fue la primera y Alejandra tampoco la última. Hasta donde se sabe, Safo inauguró en el 580 a.C. la sucesión de mujeres poetas que por diversas razones eligieron quitarse la vida. Decisión, en la mayoría de los casos, tomada bajo el influjo de la depresión, que no solía ser diagnosticada como tal y mucho menos tratada adecuadamente.

La chilena Teresa Wilms Montt en 1921, la inglesa Virginia Woolf en 1941, las norteamericanas Sylvia Plath en 1963 y Anne Sexton en 1974, y la italiana Amelia Rosselli en 1996, son solo algunas de las mujeres cuyos denominadores comunes fueron la poesía y el suicidio.

El club de las poetas suicidas

Dejá tu comentario