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Tras completar el ajuste, Grecia comienza a negociar su rescate

24 de julio de 2015

El gobierno del primer ministro Alexis Tsipras realiza malabares entre un oficialismo fracturado y el inicio hoy de las negociaciones con la denominada troika para sellar el programa de ayuda financiera que regirá durante los próximos tres años.

El gobierno griego informó que representantes de las tres instituciones acreedoras internacionales -el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Central Europeo (BCE) y la Unión Europea (UE)- y las autoridades del llamado Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) llegarán hoy viernes a Atenas para comenzar a negociar la letra fina del tercer acuerdo a largo plazo firmado con ese empobrecido país en cinco años.

Como acordó Tsipras con los ministros de Finanzas de la zona euro -el Eurogrupo-, hace aproximadamente dos semanas, estas cuatro instituciones inyectarán unos 86.000 millones de euros hasta 2018 y garantizarán que Grecia se mantenga dentro de la unión monetaria del euro. Las condiciones concretas que Atenas tendrá que cumplir y a dónde se destinarán estos fondos son dos de los puntos centrales de las negociaciones que comenzarán hoy y que podrían tomar más de un mes.

No será una discusión fácil. El FMI ya marcó ayer la primera diferencia que existirá entre las instituciones acreedoras. "El alivio de deuda es necesario para el éxito del programa. (...) Dejamos claro que es necesario que haya un compromiso concreto de los socios europeos en este sentido", advirtió el vocero del Fondo, Gerry Rice, en su conferencia prensa quincenal en Washington.

El Eurogrupo, con Alemania a la cabeza, se ha negado una y otra vez a aceptar una eventual quita de la deuda y hasta rechaza una reestructuración de la misma, como reclaman abiertamente Atenas, el FMI y el gobierno de Estados Unidos.

Pero Tsipras no sólo la tendrá difícil en la mesa de negociaciones con sus socios y acreedores de la zona euro y de la UE, sino que también enfrenta una posible tormenta puertas adentro, en su propia fuerza política. Ayer por la madrugada, en una nueva sesión tensa, el premier griego consiguió aprobar el segundo y último paquete de una nueva ola de austeridad, después de más de cinco años de ajustes y reformas neoliberales que aumentaron el desempleo, la deuda y achicaron dramáticamente el antiguo Estado de bienestar.

Los acreedores europeos reclamaban la aprobación de estas medidas para empezar a negociar un acuerdo para los próximos tres años. Por eso Tsipras otra vez necesitó del apoyo de los opositores conservadores de Nueva Democracia, los centristas de Potami y la fuerza socialdemócrata Pasok para poder suplir la hemorragia interna dentro de su coalición, Syriza.

Hace casi dos semanas Tsipras aceptó un tercer programa de ayuda europeo aún más neoliberal que el rechazado por el 61% de sus compatriotas en un referéndum una semana antes, que le garantizará 86.000 millones de euros en los próximos tres años y el "compromiso" de discutir una reestructuración de la deuda griega, que ya supera el 180% del PBI nacional.

A cambio de una nueva inyección de dinero que permita recapitalizar los bancos griegos, poner fin al corralito y pagar los cercanos vencimientos de deuda con los acreedores europeos y cumplir con una cuota atrasada del FMI, Tsipras aceptó un aumento del IVA, un recorte de las jubilaciones, una reforma laboral y del Código Civil y un descarnado e inédito proceso de privatizaciones.

"La división (dentro de Syriza) es claramente visible", reconoció la vocera del gobierno de Tsipras, Olga Gerovasili, tras la votación de ayer por la madrugada.A diferencia de la semana pasada cuando Tsipras perdió el apoyo de 39 de los 149 diputados de Syriza, los disidentes en la votación de esta madrugada fueron 36. Entre los tres que cambiaron su voto, el nombre que más sorprendió fue el del ex ministro de Finanzas, Yanis Varufakis, el hombre que lideró las negociaciones con la llamada troika de acreedores internacionales durante más de cinco meses y que personificó, como nadie, la resistencia y la lucha contra la doctrina de la austeridad impartida por Alemania y el resto de la UE.

"El objetivo principal en este momento es la unidad de Syriza y de quienes creyeron en nosotros", escribió más tarde en su blog personal el ex ministro para explicar su voto, luego de su rotundo 'no' de la semana pasada.

"Hoy se nos juzga por nuestra capacidad de proteger nuestra unidad mientras mantenemos nuestro derecho a diferir (...) No hay respuestas correctas, sino sólo una intención honrada de respetar las respuestas que dan nuestros camaradas, aún si difieren de las nuestras", agregó Varufakis, confirmando el creciente temor que existe dentro del oficialismo griego por una posible fractura.

Tras el primer quiebre en la votación de la semana pasada en el Parlamento, Tsipras pidió la renuncia de todos los miembros de su gabinete que votaron en contra del acuerdo con los acreedores europeos. Sin embargo, el malestar continúa.

El ministro de Infraestructuras, Christos Spirtzis, salió ayer a criticar el compromiso adoptado, primero por Tsipras y después por el Parlamento griego, para privatizar bienes públicos por un monto de 50.000 millones de euros en los próximos tres años. Lo calificó como una "política colonial". Para llegar a esta cifra, la lista de bienes públicos incluirá 14 aeropuertos que pasarán a manos del grupo alemán Fraport AG de Frankfurt y al griego Copelouzos.

Atenas debe "vender 14 aeropuertos que dan beneficio y los otros 30 que no dan beneficio y que necesitan subvención quedarán en manos del Estado. Es más propio de una colonia que de un Estado de la Unión Europea", sentenció el ministro en una entrevista con la televisión pública alemana ARD.

Apenas un cuarto de los 50.000 millones de euros que Grecia obtenga por estas privatizaciones forzadas serán utilizadas como inversiones directas en el país. El resto se usará para recapitalizar a los bancos y pagar vencimientos de deuda a sus acreedores europeos y al FMI. Estas draconianas reformas, este inédito ajuste y seguramente los resultados que dejen las negociaciones para el acuerdo a largo plazo están poniendo a prueba la unidad dentro del oficialismo que apoya a Tsipras.

La capacidad del primer ministro griego de mantener unida a su coalición en los próximos meses determinará si tendrá que llamar a elecciones anticipadas antes de fin de año, como vislumbran algunos analistas, o si podrá saldar las diferencias en un congreso partidario y continuar dirigiendo el gobierno.

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