El papa visita una mezquita en un barrio musulmán de la capital centroafricana

30 de noviembre de 2015

El papa Francisco da un paso atrevido más en su aportación a la reconciliación en Centroáfrica visitando el último día de su viaje africano la mezquita de Koudoukou, en un barrio peligroso de Bangui.


Poco después de las ocho de la mañana (hora local), el jefe de la Iglesia católica saludará a cinco imanes que lo conducirán a un podio al lado de la mezquita para celebrar una breve ceremonia, en una barrio que muchos cristianos no se atreven a pisar.

La ceremonia de sólo media hora será simbólicamente importante: un gesto fuerte de confianza y reconciliación cuando la desconfianza y el miedo están omnipresentes en las diferentes comunidades.

Según fuentes fidedignas, el papa Bergoglio debería formular en Koudoukou un llamamiento en pro de no mezclar lo que es propiamente religioso y los conflictos que se sirven de las religiones como pretexto cuando responden a intereses particulares. El conflicto centroafricano es político por mucho que se opongan milicianos de dos religiones.

Los "cascos azules" de la ONU (10.900 hombres en todo el país), el contingente militar francés (900) y la policía centroafricana patrullarán en Bangui el último día de la visita papal. Las inmediaciones de la mezquita son escenario de choques armados entre los Seleka, milicianos musulmanes, y los milicianos chretkens y animistas, los anti-balaka.

Después de esta visita a la mezquita, el papa se dirigirá al complejo deportivo que lleva el nombre de Barthelemy Boganda, un sacerdote católico indígena, "padre de la patria", muerto en 1960, poco después de la proclamación de la independencia.

En el estadio, con capacidad para 30.000 personas, dará una vuelta en papamóvil y celebrá su última misa en suelo africano. Debería hacer un último llamamiento a toda esta nación a superar su crisis militar, política y moral.

La etapa de día y medio en Bangui ya se puede considerar un gran éxito, una apuesta ganada a los escépticos y timoratos. El papa ha sido recibido con frecuencia como el mesías, capaz de sanar un cuerpo profundamente enfermo y sufriente.

Francisco llamó a la unidad y a no ceder ante "la tentación del miedo al otro, a lo desconocido, a lo que no es parte de nuestro grupo étnico, nuestras opiniones políticas o nuestra confesión religiosa".

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