#FilosofíaAplicada Culos para nadie

01 de enero de 2017

La suspensión del concurso "Cola Reef" genera controversias a la vez que nos invita a pensar acera de por qué construimos juicios en función de la imagen y cuáles son los atributos que más ponderamos a la hora de valorar a una persona.

En los últimos días las redes sociales se vieron "conmovidas" por la decisión de la reconocida marca de ropa de surf de suspender los concursos de belleza que llevaba adelante año tras año, en donde el principal atributo que debía de tener la ganadora dependía pura y exclusivamente de la firmeza de sus nalgas.

Ahora bien, pese a que los argumentos esgrimidos para la suspensión de tal evento versaban sobre la necesidad de una conciliación entre las prácticas y el discurso que brega por el respeto hacia la mujer y sus derechos, varias han sido las voces que se han levantado en contra, arguyendo que se trató de un gesto demagógico que poco hace para combatir verdaderamente la violencia de género.

Sin embargo, hace tiempo que en los estudios que investigan sobre la temática se advierte que aún antes de la agresión física, la cosificación también es una forma violenta de acercarse hacia la mujer ya que la disgrega de su condición humana para transformarla en un objeto de consumo tal como si fuera un bien de cambio. Claro que muchos quienes han participado con sus tweets defendiendo al certamen o incluso participando como público no se considerarían a sí mismos como "violentos" llegando a señalar que las voces que se alzan en contra no son más que el producto de una moralina conservadora que denuncia a viva voz una práctica que legitima en la oscuridad.

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No obstante también cabe preguntarse por qué hablar de "tetas" o "culos" mostrando fotos acordes al respecto siempre genera tanta repercusión y además si de esto no se desprende que la posesión de estos "atributos" son factores insoslayables para constituir una escala de valoración femenina, excluyendo cualquier otro ámbito de despliegue de la mujer y desmereciendo todo aquello que no tenga que ver con la corporalidad perfecta en torno a los cánones socialmente establecidos de belleza.

Insistimos una vez más, quizás este ejercicio de reflexión pareciera ser excesivo pero ¿acaso no observamos que el trato cotidiano hacia las mujeres que responden a los estereotipos instituidos es de mejor calidad? ¿No se encuentran estas mujeres con una mayor facilidad a la hora del acceso al plano laboral? Las conceptualizaciones sociales a la hora de abordar la femineidad sufren de una grave banalidad cosificante y objetivadora ya que circunstancias superficiales como la belleza corporal han cobrado una preponderancia absoluta, al punto de ser la condición de posibilidad para la emergencia de todo tipo de juicios y valoraciones.

Por qué hablar de "tetas" o "culos" siempre genera tanta repercusión

Es así que se abre otra cuestión para analizar ¿quién tiene la potestad de juzgar e incluso validar las prácticas y los cuerpos femeninos? Está legitimado que quien quiera puede ejercer el "derecho" de emitir un juicio de valor sobre el cuerpo ajeno siendo el mismo, ante su percepción, completamente vinculante, esto es, no pretendiendo quedar sólo en el plano de la opinión sino que además busca que el enunciado repercuta en una acción concreta: no es "te percibo bella" sino "sos bella y por eso tenés posibilidades por sobre el resto".

De tal manera se ha llegado al punto en varios sectores de la sociedad de que arbitrar los medios necesarios para ostentar buenos glúteos o senos se ha transformado en una búsqueda existencial que reemplaza cualquier otro acto de cultivo personal ya que es por medio de estas posesiones físicas que se alcanzaría un supuesto "éxito" entendiendo a este como el reconocimiento, la apreciación y el alza de la autoestima.

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En definitiva ¿qué nos pasa como sociedad que tanto nos entusiasma mirar, pensar y hablar sobre tetas y culos? ¿Será que estamos tan vacíos que no somos capaces de romper con la cáscara superficial que nosotros mismos hemos construidos para referirnos a los demás? ¿Por qué defendemos un concurso donde nadie se acuerda de los rostros de las participantes?

Tal vez no existan respuestas rotundas, quizás muchos se indignarán por estas prácticas "graciosas" pero cosificantes al fin, aunque de lo que podemos estar seguros es que costará mucho su cese definitivo. Así pues, lo que resta sea posiblemente evitar cada uno desde su rol ser cómplices ingenuos de una valoración objetivante que, presumiblemente, detestemos cuando nos ubique a nosotros en el foco de tal desprecio.

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