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El debate de por qué decidimos tatuarnos

08 de enero de 2017

El debate que suscita en la sociedad las decisiones estéticas de Candelaria Tinelli nos abre la posibilidad de pensar al respecto de la práctica del tatuaje: ¿es una moda o una forma de construir identidad?

En épocas de calor cuando la ropa comienza a mermar se vuelve cada vez más frecuente observar todo tipo de tatuajes en un gran número de personas que hasta podríamos llegar a afirmar que superan en número a quienes no tienen tinta sobre su cuerpo. Así pues, aún ante la expansión de este fenómeno, todavía persiste la controversia a tal respecto más que nada cuando emergen personas como Candelaria Tinelli quienes han optado por tatuar prácticamente todo su cuerpo, controversia que demuestra que la práctica de dibujar la piel no nos resulta para nada indiferente y que, además, existe un placer intrínseco en la sociedad por juzgar moralmente las decisiones ajenas.

Ahora bien, las preguntas que pueden formularse al respecto de la situación actual son múltiples, circunstancia que no implica encontrar necesariamente respuestas cabales ni definitivas a las mismas, aunque no por ello debiéramos dejar de intentar buscarlas. En primera instancia ¿por qué nos tatuamos? Claramente no hay una forma única de abordar tal cuestión ya que se podría hacer desde una perspectiva histórica al retrotraernos por ejemplo hacia los maoríes de Oceanía o en las marcas que se les hacía a los esclavos para señalar de quién eran propiedad.

Es decir, múltiples han sido las circunstancias que han llevado a los seres humanos a dejar huellas indelebles en sus pieles y en las de los otros; no obstante, haciendo hincapié en el presente, podemos aventurarnos a postular la hipótesis de que las personas se tatúan dado que encuentran en esta práctica un medio más para la construcción de la identidad personal a través de la apropiación simbólica del cuerpo.

¿A qué nos referimos con esto último? El ser humano se enfrenta al hecho de nacer con un cuerpo que no eligió, que tiene marcas, cicatrices y formas que son innatas o advienen sin ser buscadas. De tal forma, así como el ejercicio, las cirugías, el maquillaje y otro tipo de intervenciones, los tatuajes son una manera más de expresar nuestra libertad y capacidad de voluntad sobre el organismo. El tatuaje es una marca que surge como resultado de una elección premeditada, que se decide que esté, que busca de forma explícita poner "algo" donde había "nada".

En tal sentido, si afirmamos que el tatuaje busca constituir la identidad, estamos en condiciones de plantear otra cuestión fundamental: con esta práctica ¿se busca pertenecer a un grupo o diferenciarse de él? En muchas ocasiones al llevar adelante acciones que tiendan a consolidar quién uno es lo que se pretende es diferenciarse del resto, "yo soy este porque no soy aquel". No obstante, también se busca la pertenencia a determinados grupos o sectores con los que uno se siente, precisamente, "identificados".

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Es entonces que surge el argumento de la moda para desestimar la práctica del tatuaje ya que se sostiene que lo que se busca es ser parte de un colectivo epocal que ha tomado como habitual marcarse la piel, por lo que la búsqueda de la originalidad se diluye en la creciente homogeneidad de gente tatuada. Sin embargo, este argumento cae en contradicción cuando vemos que aún la gente tatuada llama la atención o carga con prejuicios de índole laboral. ¿Por qué hay sectores de la sociedad que considera que el tatuaje da "mala imagen" o es desprolijo? Si es algo que está tan de moda ¿por qué aún se piensa que hay diferencia entre los tatuados y los no tatuados?

A tal respecto podemos entender que aún no está asimilado el tatuaje y que a muchas personas les cuesta percibirlo como un arte, hecho que lleva a constituir un sinfín de prejuicios y opiniones desmerecedoras como lo que acontece con la figura de Candelaria Tinelli cada vez que toma repercusión una nueva intervención suya en el cuerpo. ¿Por qué genera rechazo y toda esa oleada de vituperios, memes, chistes e ironías una decisión que, en definitiva, sólo tiene efectos en ella? Probablemente porque todavía, pese a las denuncias de "moda", el tatuado es alguien visto como diferente, distinto, diverso y ya sabemos cómo suele actuar la humanidad ante lo que no es igual al resto...

Con esta práctica ¿se busca pertenecer a un grupo o diferenciarse de él?

Quizás también tengamos que entender que parte de este rechazo pueda llegar a surgir de la paradoja más grande que se desprende de los tatuajes: en una época donde todo muere en lo placentero, inmediato y efímero, el tatuaje es una elección dolorosa y "para siempre". ¿Por qué si existe una tendencia hacia el instante, cada vez más gente opta por imprimirse la piel hasta el fin de sus días? Tal vez parte de la crítica hacia Tinelli como hacia muchos de los tatuados no haga más que enmascarar la envidia por no poder animarse a tomar una decisión que implique atravesar una instancia de dolor y que no se agota en el corto plazo.

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