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Carrascosa volvió a vivir al country El Carmel

01 de febrero de 2017

El viudo de María Marta García Belsunce, Carlos Carrascosa, se fue a vivir al country El Carmel, donde fua asesinada su esposa. No se instaló en el chalet que compartía con su mujer porque está alquilado.

A un mes de su absolución, Carlos Carrascosa, el viudo de María Marta García Belsunce, volvió al country Carmel de Pilar donde vivía con su mujer antes del crimen.

Luego de que en diciembre el Tribunal de Casación Penal bonaerense lo absolviera por el homicidio de su esposa y le quitaran la tobillera electrónica, Carrascosa abandonó la casa de unos amigos en Luján donde estaba con prisión domiciliaria y decidió regresar a Carmel.

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Sin embargo, el viudo no se instaló en el chalet de dos plantas donde asesinaron de seis balazos en la cabeza a su mujer, sino que se fue a vivir a lo de otros amigos y vecinos.

El próximo 27 de octubre se cumplirán 15 años del crimen y esa es la fecha límite para investigar la causa antes de que prescriba en caso de no encontrar ningún nuevo imputado.

Por ello, la Fiscalía General de San Isidro dispuso armar un equipo especial de fiscales e instructores judiciales para que en los nueve meses que quedan antes de la prescripción, intenten esclarecer el caso.

"Mi absolución es un hecho de justicia. Quiero saber quién mató a María y morirme en paz. Es mi único y último objetivo de mi vida", dijo Carrascosa al ser consultado por la expectativas que tiene sobre la labor de este equipo fiscal.

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La familia siempre apuntó sus sospechas contras los vigiladores y el por entonces vecino del country Nicolás Pachelo, quien nunca llegó a ser imputado y sólo fue citado como testigo.

En la causa existen tres perfiles de ADN de dos hombres y una mujer, hallados en pequeñas muestras de sangre recolectadas en la escena del crimen, que hacen inferir a los investigadores que María Marta llegó a defenderse del ataque y lastimó a sus asesinos.

Esos perfiles genéticos no pertenecen a la víctima, ni al viudo, ni a ninguno de los otros imputados, familiares, allegados y sospechosos que tuvo la causa y, a lo largo de estos años, todavía no tienen nombre ni apellido.

También hay una huella palmar parcial con tres dedos que quedó marcada en la pared del primer descanso de la escalera que sube a la planta alta del chalet donde María Marta fue asesinada, a la que nunca pudieron darle identidad.

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