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¡Nena portate bien!

09 de abril de 2017

Ante cada femicidio emergen discursos que responsabilizan a las mujeres del fatal destino que eligió su asesino. ¿Por qué se insiste en culpabilizar a las víctimas? ¿Por qué nos queremos convencer de que las cosas malas sólo le pasan a la "gente mala"?

La situación se repite en toda época y lugar: cuando una calamidad afecta a alguien que queremos pensamos "¿por qué le tuvo que pasar a él o a ella habiendo tanta gente mala en el mundo?".

Palabras más palabras menos, esta ilusión de justicia universal donde al "bueno" le deberían pasar sólo cosas buenas está ampliamente difundida entre nosotros, aún cuando los ejemplos cotidianos e históricos refuten constantemente semejante paradigma.

No obstante ello seguimos configurando relatos donde conectamos indiscriminadamente actos propios con las consecuencias que devienen de conductas ajenas, es decir, en nuestro afán de esperar una coordinación cósmica-mágica entre nuestras buenas intenciones y lo que ocurre en nuestras vidas terminamos relacionando sucesos que al analizarlos en profundidad no son correlativos necesariamente.

Veamos por ejemplo lo que pasa en estos días: ante el aberrante asesinato de Micaela García miles han sido las voces que se levantaron, una vez más, para reclamar justicia y la concientización de la sociedad de la violencia machista que impera en todos los ámbitos humanos. Sin embargo también se pudieron escuchar las de aquellos que insisten en que la conducta de la víctima (en este caso puntual haber ido a un boliche) propició en cierta forma su secuestro, violación y muerte. ¿Por qué alguien podría defender esta postura? ¿Qué mueve a una persona a sostener culpas compartidas entre alguien que decide apropiarse del otro y una persona que deber morir por ser mujer?

En primer lugar podemos responder tales cuestiones retomando lo mencionado con anterioridad: el afán por creer en una justicia distributiva universal: constituyendo el grupo de las "chicas malas" y el de las "chicas buenas" nos aseguramos de que sólo a las "malas" les pasarán cosas feas mientras que a las "buenas" (grupo al que pertenecemos o al que pertenece nuestro entorno) nada le ocurrirá porque sus conductas morales son intachables y saben cómo cuidarse. Salir de noche sin compañía masculina, vestirse de manera poco decorosa o entablar conversaciones con desconocidos, son actitudes de "chicas malas" que justifican todo el mal que les pueda acontecer ya que, bajo esta mirada, ellas se lo buscaron. No en vano se pueden leer a menudo distintos artículos de revistas y medios nacionales en donde se defiende y legitima el hecho de que las mujeres dejen de lado su autonomía económica y desarrollo profesional para quedarse en la casa cuidando a sus hijos y su marido.

Así pues se establece este relato para querer creer que a la mujer buena, recatada y de valores familiares no la golpeará la violencia machista, nadie la violará ni asesinará ya que está protegida por el cerco simbólico de sus acciones moralmente correctas. Nuevamente estamos frente a la meritocracia, a creer que lo que nos pasa es lo que merecemos. ¿Qué hizo Micaela para merecer semejante atrocidad? ¿Podemos reducir todos los femicidios a la ilusión pueril de que ellas se lo buscaron?

A tal respecto cargar con la culpa a la víctima también se transforma en un medio para la negación, ya sea por la desidia de no querer aceptar el sexismo que habita hasta en nuestras más recónditas prácticas o por el ensañamiento de querer mantener una posición superior en el orden social. El filósofo alemán Axel Honneth sostiene que la lucha por el reconocimiento ha de ser conflictiva porque el poder nunca quiere voluntariamente ceder su lugar, por lo que podemos sospechar que el negacionismo que se denota al decir que hay chicas malas que se buscan lo que les pasa, en realidad lo que pretende es mantener la diferencia de género que posiciona al hombre en un escalón superior respecto a la mujer.

Como conclusión podemos sostener entonces que, en primer lugar, la idea de que si somos "buenos" (sin entrar ahora en discusión sobre lo que esto significa ya que es sumamente debatible) necesariamente nos pasarán cosas afines es una ilusión tal vez agradable pero empíricamente refutada, por lo que defender que cuando se asesina a una mujer fue porque ella lo propició es de una estrechez mental supina que, además de pretender domesticar al género femenino mediante una moralidad que las invita a vivir para sus familias y a ser dóciles tal como la voluntad masculina lo determina, se vuelve ni más ni menos que un obstáculo atroz para la detención de todos los femicidios.

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