¿Por qué se puso de moda el "spinner"?

Por: Federico Mana
04 de junio de 2017

El furor por el nuevo juguete de moda que se instaló con fuerza entre los más jóvenes nos invita a pensar qué ideas subyacen en este fenómeno como así también en los procesos cognitivos sobre los cuales incidiría.

Un rulemán y unos pocos plásticos; eso bastó para competir mano a mano con cientos de circuitos electrónicos y micro-chips diseñados en Silicon Valley. Es una incógnica para mucho cómo es que el fidget spinner con su mecánica simple y repetitiva logró dispersarse por todo el mundo, volviéndose un objeto de culto y deseo para miles de personas. No se enchufa, no se actualiza, no requiere aplicaciones, no emite música, sólo gira...

Así pues, ante este verdadero fenómeno viral que irrumpió intempestivamente no podemos más que preguntarnos por qué se dio y a qué se debe su rotundo éxito aunque, claro, tal vez las respuestas a estos cuestionamientos no puedan ser exhaustivas sino más bien tentativas. En primer lugar entonces es factible señalar el comportamiento colectivo a-crítico que se suele instalar ante ciertos productos de consumo masivo: cuando ciertos referentes comienzan a poseer determinados objetos, el conjunto de personas de su entorno buscará imitar esa adquisición, lo que hará que comience una dispersión del bien consumido hasta lograr su masificación. Es decir, nadie se pregunta detenidamente por qué lo compra o dice necesitarlo; simplemente lo desea como forma de pertenecer, de no "quedarse afuera".

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Ahora bien ¿tiene algo en particular el spinner para que genere tanta devoción? Quizás la respuesta sea más primitiva de lo que esperamos ya que pareciera ser que la atracción por los objetos que se mueven o giran sobre sí mismos representa una función básica de supervivencia. Si el hombre de las cavernas no hubiese desarrollado una particular atención por aquello que se mueve, la especie humana hubiese estado condenada a alimentar a los tigres dientes de sable. De esta manera, es bastante difícil no sentirse atraído por algo que gire sobre su propio eje a alta velocidad; allí no hay reflexión, no hay pensamiento simbólico ni abstracción: es nuestro ser primitivo jugando al hipnotismo.

Sin embargo su mecanismo no es la única explicación posible a por qué se puso de moda ya que el ideario que se ha construido en torno a este gadget influyó sobradamente. ¿Cómo comenzó a venderse este producto? Como un artículo que reduce el estrés, disminuye la ansiedad y estimula la atención. ¿Serán ciertos tales atributos? Pues bien en primera instancia cabe afirmar que no existen aún estudios científicos comprobables que avalen estos supuestos "dones" pero, además, es necesario reflexionar por qué la población se ve susceptible de aceptar sin miramientos soluciones mágicas y rápidas a problemas que se engendran en prácticas añejas y estructurales.

Es decir ¿por qué asumimos como natural que los niños sufran estrés y en vez de buscar desarticular el modo de vida que los lleva a la explotación pretendemos encontrar elementos que lo mitiguen? Se supone que el spinner baja el estrés y la ansiedad porque en vez de estar especulando con el futuro uno se concentra en el girar del juguete y se vuelve a conectar con el presente. Pero ¿cuánto dura esa atención? ¿Qué tanto tiempo retrasa el giro mecánico el volver a pensar sobre las preocupaciones que nos agobian?

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En este sentido, si lo vemos desde tal perspectiva, que se haya masificado entre niños de 8 a 15 años un elemento que promete bajar el estrés es absolutamente preocupante y un signo evidente respecto a la situación social que nos rodea, donde la sobrecarga, la autoexigencia y la productividad constante nos postran y sofocan desde nuestra más remota infancia. Llenamos a nuestros niños de actividades, les exigimos al máximo, les enseñamos a ser eficaces, a gestionar su tiempo de manera eficiente, los estimulamos para que sean productivos y condenamos su falta de atención pero, cuando surgen los conflictos, la ansiedad, la angustia y el estrés esperamos que todo se solucione con un rulemán y unos pocos plásticos. ¿No será mejor preguntarnos por qué sufren esos trastornos en vez de tomar como natural que sucedan? ¿Será el fidget spinner una solución a los problemas o, por el contrario, un simple depósito de nuestras más triviales esperanzas?

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