La revancha de la cerveza industrial contra la pinta artesanal

Por: Antonia Cossio
28 de julio de 2017

Puede que estén de moda los bares de birra "casera" de todos los colores y sabores, pero las etiquetas tradicionales sumaron presentaciones y variedades para alegría de sus fieles adeptos.

El amor argentino por la cerveza se reafirma en cada fiesta, reunión o encuentro, pero el modo en que se toma está en constante mutación. Con un público cada vez más interesado en nuevos sabores, las cervecerías industriales reafirmaron su lugar como las más elegidas con nuevas presentaciones de sus productos.

Marcas como Quilmes o Heineken lanzaron hace poco nuevos formatos de sus productos más valorados por el público, como el porrón de vidrio y la lata de 473ml en el caso de Quilmes Stout o el barril de 5 litros con grifo de Heineken, que rinde para una reunión bien poblada y dura hasta 10 días abierto.

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Heineken para todos: un barril del sabor de la rubia lager<br>
Heineken para todos: un barril del sabor de la rubia lager

Ahí donde los botellones de cerveza artesanal prometen 1.8 litros de elixir "hecho a mano", el Draught Keg de Heineken (que no es otra cosa que el sueño del barril de cerveza tirada en la propia casa) ofrece la precisión de un termómetro incorporado para asegurarse de que la bebida está a la temperatura ideal para ser tomada.

Para los fanáticos de las pintas está la lata "extra large" de Quilmes Stout, que es el equivalente a una pinta estadounidense (la británica es de 568ml), y mientras las cervezas artesanales invadieron hasta la última hamburguesería, las marcas más tradicionales no pierden terreno en las pizzerías, por ejemplo, porque hay pocas bebidas que combinen tan bien como la pilsen lager con el sabor de la muzzarella o la fritura de unas rabas, como hizo notar el maestro cervecero de Quilmes, Luis Di Motta, durante la presentación de los nuevos envases.

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La stout tirada de Quilmes promete ayudar a pasar el invierno<br>
La stout tirada de Quilmes promete ayudar a pasar el invierno

De hecho, la stout de Quilmes comenzó a producirse hace 10 años. La marca ya tenía la Bock, pero su sabor robusto no se compara con el dulzón e intenso de la malta tostada de la stout que se suma a las Munich y Pilsen de la receta de Di Motta, una adaptación para agradar a la mayor cantidad posible de consumidores locales.

Lo que sí se logra con el sabor entre chocolate y café de la stout de Quilmes es un maridaje perfecto para carnes con salsa agridulces, como la bondiola con barbacoa. Todo sea por acompañar al paladar local que, aunque pendiente de las modas culinarias, sigue fiel a las fórmulas cuyo éxito está probado.

Mientras los neófitos de la cervecería artesanal pueden llevarse una o varias desilusiones con pintas que no cumplen con la experiencia de sabor prometida, los aficionados a las marcas industriales tienen la certeza de tener su bebida a elección en cualquier rincón del país, y siempre con una calidad pareja.

Como siempre, todo queda en el gusto y la audacia del consumidor.


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