Es madre adoptiva y logró amamantar: "Tuve un momento emocional muy intenso"

29 de agosto de 2017

Verónica no lo dudó ni un instante. Tuvo un largo camino hasta la primera gota pero finalmente pudo alimentar a su bebé.

La historia de Verónica y su hijo Jeremías conmovió a todos. La mujer conoció a Patricia (madre del pequeño) en la escuela y desde el primer momento se hicieron entrañables. Eran confidentes y se acompañaban en cada decisión que la otra tomara. A los 28 años la vida las encontró unidas como el primer día pero atravesando situaciones muy distintas. Patricia estaba camino a convertirse en madre por tercera vez y Verónica era soltera y aunque soñaba con formar una familia no estaba en sus planes inminentes.

Al cuarto mes de embarazo, le descubrieron a Patricia una cardiopatía congénita que no era compatible con el bebé en curso. Ella eligió seguir adelante con el embarazo, priorizar la vida de su hijo por sobre la suya. Con un final anunciado Patricia y Verónica conversaron sobre el futuro, sobre quién maternaría a Jeremías y cómo seguiría todo cuando ella no esté. Ambas decidieron junto a la pareja de Patricia, que Verónica ejercería la maternidad de Jeremías y el padre asumiría su función.

Finalmente Patricia murió y Verónica se fue de la clínica con Jeremías en brazos. Era un bebé hermoso, 2650 gramos, morocho con ojos marrones bien despiertos. Como todo bebé necesitaba brazos, cuerpo, disponibilidad física y emocional, según publicó el diario La Nación.

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El largo camino hacia la lactancia

Durante los cinco días que Jeremías estuvo internado, Verónica buscó información sobre madres adoptivas que habían logrado dar la teta. Sabía que el camino sería largo y difícil, pero no imposible.

Con las intensas ganas de poder amamantar a su hijo, Verónica decidió acercarse a la Liga de la Leche de Mar del Plata, donde vivía, y ahí la derivaron con Ana María, quien sería su asesora de lactancia en todo el proceso. Con ella aprendió que la lactancia se puede inducir y aunque las mujeres no gestantes no pasan por una etapa calostral (las primeras gotas son similares a las de una madre a diez días del nacimiento de su hijo), con esfuerzo y constancia pueden lograr una lactancia exitosa.

Pasaron muchos meses hasta que pudo ver una gota de leche. Durante ese tiempo, también lo porteó en fular para poder reforzar el vínculo de apego. Finalmente decidieron pasar a los galactogogos (sustancias que estimula la producción de leche en las glándulas mamarias).

"Tuve un puerperio emocional muy intenso contó Verónica a La Nación. Cada día intentaba hacer mejor las cosas, ser la mejor mamá para Jeremías. Al mismo tiempo estaba agotada y tenía que superar varios duelos. El de mi amiga, el de mi propia identidad como mujer y el de pasar a ser mamá de un día para el otro. Cuando los superé me di permiso para poder lactar. Fue ahí que empecé a sentir un calor en el pecho y cada vez que ponía a Jere en la tea sentía unos pinchazos tremendos. Un día, después de siete meses, lo vi succionar con ganas y tragar. Tenía leche. Lo había logrado. Me acuerdo que lloré me abracé con Ana María", contó.

Jeremías tomó la teta hasta los tres años -hoy tiene 13-. Años más tarde Verónica conoció a su compañero y tuvieron un hijo y hace dos meses fue mamá de mellizos, a quienes actualmente está amamantando.

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