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Te odio, me odio

Por: Federico Mana
09 de septiembre de 2017

La virulencia social desatada por el pedido de la aparición con vida de Santiago Maldonado nos invita a reflexionar sobre los orígenes de la "grieta" y a preguntarnos por qué subsiste tanto odio.

Muchos han podido observar en las últimas semanas que transitar las redes sociales se ha vuelto una práctica riesgosa ya que o bien podemos quedar en medio del “fuego cruzado” o bien vernos involucrados de lleno en una discusión donde los agravios soslayan a los argumentos.

Es que ante la masificación del reclamo por la aparición de Santiago Maldonado múltiples son las voces que se han levantado para desmerecer su caso, para denunciarlo como una operación política o para señalarlo como el nexo necesario de una conspiración anarco-mapuche-británica.

Así, desde las discusiones por el tratamiento del tema en los colegios, el rol de la Gendarmería o el papel del Gobierno, la violencia verbal aparece a la orden del día.

policia represion plaza mayo maldonado

Pero, ¿por qué tanto enojo, tanto desprecio hacia el otro? ¿Por qué emerge este odio?

En casi cualquier cruce que aparece en las redes sociales podemos observar cómo el debate dio lugar al intercambio de agresiones, logrando así que las personas se observen como enemigos mutuos. Pareciera ser como si el mandato que rige fuera que si el otro piensa distinto o defiende una causa que yo no, entonces se convierte automáticamente en mi contrincante.

Ahora bien, si quisiéramos buscar una explicación al odio latente quizás no alcanzara la historia entera para responder por qué el humano ve en el otro a su peor amenaza. No obstante, quizás sí podríamos intentar pensar qué nos está pasando hoy.

Para ello la propuesta invita a posar la mirada antes que en los demás en nosotros mismos; al hacer esto es factible notar que las presiones que el ritmo de vida que llevamos nos imponen nos convierten en personas frustradas y agotadas.

La sociedad de hiper-consumo nos dicta que debemos acumular cada vez más cosas y que siempre, tengamos lo que tengamos, nos va a faltar algo por lo que debemos dedicarle más tiempo a nuestra labor, sufrir más en pos de esa tierra prometida.

Hermano Maldonado.mp4

Así pues, con una vida que nos disgusta a cuestas vamos buscando a quién culpar por ella. Es muy probable que todos suframos pero la grieta se abre cuando señalamos al culpable de este sufrimiento. De esta manera se construye un discurso que dice que la culpa la tienen los de “azul” porque se robaron todo, porque pudieron hacer que yo viva mejor pero se eligieron a sí mismos y hoy por hoy todo lo mal que la paso es a causa de sus decisiones y todos aquellos que de alguna u otra forma defiendan a los de azul (o aunque sea se acerquen ideológicamente) también son los responsables de mi dolor, por eso los rechazo, los odio y deseo su desaparición.

Claro está que del otro lado se culpará a los de “rojo” por nuestras penurias como así también a quienes veamos como parte de su grupo, configurando de esta forma una tensa contrapartida donde gente que sufre por igual se rechaza la una a la otra, esperando el momento oportuno para descargar toda su furia y frustración contra el “enemigo”.

marcha maldonado plaza de mayo

Por consiguiente, toda esta violencia y odio que experimentamos de diversas formas en los días actuales puede ser vista también como una manifestación del rechazo que tenemos hacia nuestra propia vida, que sí, que muchas veces está influenciada por decisiones gubernamentales, pero que también es el resultado de las elecciones individuales.

No obstante pareciera que estamos ciegos ante ello, creemos firmemente en que nos merecemos más que el otro al que le han regalado todo lo que lo vuelve culpable de todos los males aun cuando no sepa ni nuestros nombres. ¿Será entonces que el odio es la respuesta fácil y rápida antes que hacernos cargo de nuestra vida? ¿Por qué favorecer la “grieta” que nos separa y no ver el sufrimiento que nos une?

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