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El ocaso de los ídolos

Por: Federico Mana
24 de septiembre de 2017

Las denuncias de acoso hacia el cantante de Salta la Banca se enmarca en la crítica y deconstrucción de la figura del ídolo machista. Pero ¿qué significa esto?

Solemos con frecuencia esperar que el concepto de “revolución” busque generar una ruptura con lo repetitivo, lo esperable, lo instituido. Así pues, aquellos movimientos que se autoproclaman como rebeldes o revolucionarios pretenden destacar su impronta de modificación, de cambio total, de creación de nuevos paradigmas, de dotación del sentido que el mundo ha perdido culpa de la reiteración hasta el hartazgo.

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Salta La Banca en Baradero Rock<br>
Salta La Banca en Baradero Rock

El problema, claro está, es que aún con las banderas en alto de la revolución si no se hace más que establecer las mismas acciones una y otra vez, la rebelión se transformará en un significante vacío, en una palabra estéril que no transforma nada y que legitima el estado de la cuestión por lo que se vuelve una contradicción en sí misma. Quizás sea este el proceso que el rock como movimiento artístico está viviendo, ya sea por la cristalización de sus “valores” como productos comerciables o por los vicios propios de sus protagonistas que han encontrado en él la manera de alimentar su ego.

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Veamos si no cómo se enmarcan las denuncias a los líderes de bandas nacionales como La Ola Que Quería Ser Chau, El Otro Yo o Salta la Banca, independientemente de las cuestiones particulares de cada una y la falta de valor que se le quieren imputar a las declaraciones de muchas mujeres. En los relatos podemos encontrar una línea en común: aquel que es “ídolo” manifiesta la potestad de manipular las voluntades ajenas a fin de satisfacer deseos propios reduciendo al otro a un mero objeto.

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Cristian Aldana, líder de la banda "El Otro Yo"

A raíz de ello, se podrá objetar que las acciones personales no deben afectar al movimiento en general, pero ¿no es esto también lo que propicia gran parte de la “cultura rock”? Más allá de la música, se reafirma la idea del ídolo (en la mayoría de las ocasiones hombre) como ser de veneración, separado del resto de los mortales y dotado de un poder ególatra sobre los demás que lo exime de cumplir reglas e incluso de contemplar la voluntad ajena.

Por supuesto que, una vez señalado esto, podemos comprender que no se trata sólo del rock, sino también de cualquier otro ámbito o género que demarque sujetos admirables, sea el folklore, el tango, el fútbol, el básquet o la literatura. Es que, a fin de cuentas, el conflicto está presente por todas partes, casi como si fuera una búsqueda existencial humana la de obtener poder para así manipular y subyugar al otro.

No obstante, retomando al movimiento del rock en general, cabe señalar las contradicciones en que incurre cuando bajo la promesa de denunciar al sistema y al orden establecidos, o bien se reproduce el sistema de dominación o bien se propone uno diferente aunque con los mismos resultados: el beneficio para algunos y las penurias para muchos otros. Es que ¿dónde está lo revolucionario si se sigue construyendo la jerarquía? ¿Acaso no es llamativo que el “rockstar” deba establecer una relación de poder con sus “fans”? Pareciera ser entonces que la crítica es hacia lo externo pero no a lo propio, se dirige hacia un ente foráneo que es cierto que existe pero no hace hincapié en la ideología que persiste dentro, como lo es la del machismo imperante donde el rock es cosa de hombres (salvo contadas excepciones) mientras que el rol de la mujer es la de la groupie, fanática o, a lo sumo, acompañante.

De todas formas, que hoy por hoy puedan muchas mujeres denunciar acoso sexual por parte de estos “ídolos” y que haya un sector de la sociedad capaz de recibirlas, escucharlas y levantarse contra quienes denuncian es una muestra de que poco a poco se va deconstruyendo, disipando e incluso rechazando esta idea del rocker caprichoso, aniñado, machista y con ínfulas de omnipotencia que subsiste en el ámbito de la música. ¿Será esta la revolución que deberá llevar adelante el rock para volver a tener “sentido de rock? ¿Será que el enemigo a combatir ya no reside sólo afuera sino también adentro?

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