Génesis, la galgo que se salvó dos veces de la muerte

27 de septiembre de 2017

La perra, presuntamente descartada por galgueros dedicados a las carreras, fue encontrada en pésimas condiciones. Voluntarios la rescataron y la dieron en adopción, pero los nuevos dueños la volvieron a poner en riesgo.

Génesis es una perrita de raza galgo que estaba al borde de la muerte cuando fue encontrada por Sol Iannuzzi y los voluntarios de la Organización Mi Fiel Amigo, cuando volvían de una jornada de castración en Moreno, provincia de Buenos Aires.

"Encontramos a Génesis al borde de la muerte".

"Nos cruzamos con lo que pensamos que era un galgo cachorro de pelaje atigrado comiendo de la basura. Nos bajamos del auto y cuando nos acercamos no podíamos creer lo que teníamos frente a nosotros: la piel completamente destruida, sangre, heridas por todo el cuerpo y un corte profundo que se extendía de la comisura de la boca hasta el cuello. Así encontramos a Génesis, en el peor de los estados, desnutrida y al borde de la muerte", recordó Sol.

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El olor que despedía el animal era nauseabundo, las lastimaduras que tenía estaban infectadas y supuraban ante la mínima presión.

"Seguramente a Génesis la usaban para carreras".

"Seguramente a Génesis la usaban para carreras. El lugar donde la encontramos es zona de galgueros, creemos que ella fue un descarte y que trataron de matarla pero ella corrió y se escapó", manifestó la joven.

Cuando llegaron al consultorio se dieron cuenta de que Génesis era una hembra de dos años con una severa desnutrición; pesaba tan solo siete kilos y su cuerpo era del tamaño de un caniche. Además, se le diagnosticó demodexia, una enfermedad no contagiosa que se manifiesta con la caída del pelo y la inflamación de la piel y que, como ocurrió en el caso de Génesis, puede derivar en la formación de costras y pústulas sangrantes y que es muy común en animales estresados o deprimidos, publicó La Nación.

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"La situación era crítica. Era tal el estado de la enfermedad de la piel que si la medicaban la perra corría el riesgo de sufrir una intoxicación a causa de su avanzada desnutrición. Por otro lado, si se le hacían baños de azadieno -una droga que se suele indicar para estos casos- tampoco era certero que tolerara el tratamiento porque las heridas quedarían completamente al descubierto y probablemente la perra moriría de dolor. Entonces el doctor que la revisó sugirió sacrificarla, su estado era muy delicado y cualquiera de las alternativas era muy riesgosa para ella. Pero nosotros quisimos darle una oportunidad y decidí hacerme cargo de su tratamiento y curaciones", explicó la joven estudiante de veterinaria.

"Nos dimos cuenta de que si le poníamos una remera ajustada la recuperación era mejor".

"Lo primero que hicimos fue darle vitaminas, buena comida y tratar sus heridas. La vendamos, le sacamos las costras, le hicimos baños y curaciones con un antiséptico y le empezamos a dar un medicamento específico para la demodexia. Además, le cambiábamos tres veces por día las sábanas donde se recostaba porque se le pegaban a su piel lastimada. Hasta que nos dimos cuenta de que si le poníamos remeras de algodón que quedaran ajustadas a su cuerpito la recuperación era mejor", reveló Sol.

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Cuando la perrita mejoró, una familia la adoptó, pero la mala suerte la perseguía. Quienes quisieron cambiarle la vida la descuidaron, no supieron atenderla y la demodexia volvió a aparecer. Desde Mi Fiel Amigo decidieron entonces retirar a la perra de la casa donde vivía y el animal volvió al refugio para iniciar, por segunda vez, un tratamiento para su castigada piel.

Las circunstancias ahora eran diferentes: Génesis se había convertido en un galgo hecho y derecho, pesaba 15 kilos y tenía un espíritu luchador.

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