El infierno está encantador

Por: Federico Mana
30 de septiembre de 2017

La muerte de Hugh Hefner, creador del imperio Playboy, elevó multitud de voces entre quienes lo admiraban y quienes siempre señalaron su polémico rol en la cosificación de la mujer. ¿Héroe o villano?

Un hombre viviendo rodeado de mujeres jóvenes a su disposición, en una lujosa mansión, vistiendo pijamas todo el día, siendo venerado y servido por sus residentes. Lo que para cierto imaginario masculino es una especie de “sueño” o aspiración divina, para otro gran sector de la sociedad es el reflejo de una ideología machista y androcéntrica donde el hombre es dueño y eje del poder, mientras que la mujer es un accesorio, un objeto que con su belleza es capaz de generar rédito para quien maneja su carrera. Sin embargo, más allá de ser un “deseo” para algunos o el imaginario más retrógrado para otros, para Hugh Hefner fue su realidad.

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Hugh Hfner con las conejitas de Playboy - Crédito: www.playboy.com<br>
Hugh Hfner con las conejitas de Playboy - Crédito: www.playboy.com

Así pues es esta realidad lo que lo lleva a convertirse en una figura totalmente controversial. De la mano de su revista y de las miles de mujeres que posaron desnudas allí construyó una corporación millonaria e hizo de su vida un mito, desarrollando un personaje de sí mismo que sea coherente con las expectativas de sus consumidores: el éxito no sólo monetario sino como galán universal, como hedonista empedernido.

Si bien la protagonista parece ser siempre la mujer, lo real es que el poder de consumo (y por ende de elección y de juicio) es masculino

Ahora bien, pese a ser amado por muchos, el problema emerge cuando se hace hincapié en la ideología principal sobre la cual se basó su éxito, es decir, sobre el hecho de defender a la mujer como objeto de deseo, erotizando hasta el paroxismo su cuerpo y manteniendo la jerarquía entre géneros, ya que si bien la protagonista parece ser siempre la mujer, lo real es que el poder de consumo (y por ende de elección y de juicio) es masculino, así como también el poder económico.

playboy pamela anderson

Es que quizás el conflicto no radique tanto en el hecho en sí de la fotografía de un cuerpo desnudo (sobre todo por el respeto a la libre elección de quien, suponemos, aceptó las condiciones) como en el contexto en que se enraíza la revista como producto ya que, de una u otra manera, legitima y reproduce roles sociales que a lo largo del tiempo no ha hecho más que coaccionar los derechos femeninos.

No obstante, estarán quienes sostengan que desde Playboy lo que se logró fue darle a la mujer otra dimensión más allá de ser aquella cuya máxima aspiración sea la de casarse y convertirse en ama de casa. ¿Hay un empoderamiento en aquella que elige salirse de la norma de la época para explotar su dimensión erótica y obtener autonomía monetaria con ello? Desde este lugar entonces, Hugh Hefner no sólo fue un emprendedor exitoso sino que además fue un progresista capaz de dar lugar a minorías raciales y de quitar a la mujer de la cocina americana de los años cincuenta y sesenta.

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Kimberly Conrad Hefner, portada en 1988<br>
Kimberly Conrad Hefner, portada en 1988

Claro que esta visión revolucionaria cae cuando recordamos que a aquellas personas que fueron parte de las revista siempre se las reconoció como “conejitas de Playboy”, es decir, se las reconoció como miembros de una categoría específica, con un rol particular, sin más anhelos que erotizar, ostentando un poder no logrado por ellas sino cedido temporalmente por un masculino, sea este el contratante o el consumidor.

¿Habría tolerado la sociedad una figura femenina rodeada de varones-objeto mostrados como trofeos personales?

Por lo tanto, la “conejita” llegó donde llegó porque Playboy la eligió, la contrató y se hizo dueño de sus derechos para comercializar su imagen ante aquellos deseosos de pagar para acceder a ver lo que de otra manera permanecería oculto.

Desde esta perspectiva entonces podemos entender el modo de vida de Hefner como aquel que presumía sus mujeres como bienes personales y que entendía que así encarnaba a la perfección las aspiraciones de sus consumidores quienes le daban dinero para ver lo que su “ídolo” les compartía. ¿Qué hubiese pasado si la cabeza empresarial hubiera sido una mujer? ¿Habría tolerado la sociedad una figura femenina rodeada de varones-objeto mostrados como trofeos personales?

En definitiva, lo que Playboy siempre significó fue más que una marca erótica ya que se convirtió en un símbolo mundial legislador de los cuerpos, instituyendo el deber ser estético femenino y fortaleciendo la jerarquía de géneros en donde el masculino posee el poder por derecho propio y son las mujeres quienes deben adaptarse a sus necesidades y requerimientos. ¿Fue Hugh Hefner el principal culpable de esto? ¿Promovió una forma de valorar a la mujer o se adaptó y explotó la que ya existía? Entonces ¿merece homenaje o repudio generalizado?

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