Jane Goodall, la mujer que vivió más de 40 años con monos salvajes

Por: Gimena Luz Figueroa
25 de noviembre de 2017

Dedicó su vida a estudiar y observar a los primates en libertad y sus descubrimientos revolucionaron la ciencia. "Estar en África con los animales era lo único que quería", aseguró.

"Los chimpancés me dieron tanto. Las largas horas compartidas con ellos en la selva enriquecieron mi vida más allá de lo imaginable. Lo que aprendí modeló mi comprensión de la conducta humana y de nuestro lugar en la naturaleza". Jane Goodall, hoy de 83 años, vivió en medio de los chimpancés: se casó, fue madre, se divorció, formó su Centro de Investigación Gombe Stream de JGI en Tanzania, todo marcado por la influencia de los primates, a quienes definió como "seres con personalidad y sentimientos".

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Su gran travesía comenzó a los 26 cuando fue enviada a Gombe por el doctor Louis Leaky para que estudiara a los animales en su hábitat natural. "Vivir en África con ellos era lo único que quería", tenía en claro la primatóloga y actual mensajera de la paz de la ONU inglesa.

A partir de ese momento y en el transcurso de las siguientes cuatro décadas, Jane hizo sorprendentes descubrimientos sobre la vida de los chimpancés que cambiaron para siempre la manera de pensar sobre el comportamiento humano.

Su llegada a Tanzania

Fue la mañana del 14 de julio de 1960 cuando desembarcó en una orilla de la costa oriental del lago Tanganyika. Esa fue su primera visita a la Reserva de Caza del Río Gombe, una pequeña área protegida por el gobierno colonial británico en 1943.

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Con su figura delgada, tez blanca y cabellos rubios, la hasta ese momento inexperta y amante de los animales llegaba a la carpa con unos platos de hojalata, un vaso y unos prismáticos baratos; un cocinero africano llamado Dominic y, como compañía, -ante la insistencia de quienes temían por su seguridad-, a su madre.

Sus primeros acercamientos con los chimpancés

Las primeras semanas de Jane en Gombe no fueron del todo fáciles. Ni ella se imaginaba que su viaje de un par de meses para observar a los chimpancé iba a ser la historia de su vida.

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Ella buscaba el método de trabajo pero ningún esfuerzo servía. "Era frustrante porque huían de mí", aseguró. A esto se sumaban las fiebres, probablemente malarias, que hacían que todo se demorara más.

Caminó kilómetros por montañas peligrosas pero veía pocos chimpancés. Sin embargo, un día un macho viejo le hizo un gesto de confianza y lo llamó David Greybeard. Ése día fue aceptada por la comunidad.

David llegó a su vida para acercarle, por fin, a los chimpancés. A partir de él hizo tres descubrimientos que supieron sacudir las verdades establecidas de la antropología física:

Observó que los chimpancés comen carne.

Que usan herramientas.

Que son capaces de fabricarlas.

Fue un antes y después, que abrió un capítulo nuevo en la concepción del ser humano y su esencia.

La triste historia de Flo y Fifi

Una de las historias que marcaron a Jane en sus observaciones sobre la maternidad y el desarrollo infantil fue la de la chimpacé Flo y su hija Fifi, quienes crearon un lazo muy dependiente.

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Flo había dado a luz a al menos cinco hijos: Faben, Figan, Fifi, Flint y Flame. Sin embargo, cuando nació Flint, el vínculo entre madre e hija fue muy dependiente.

Estaban unidas constantemente y eso era un panorama perfecto para analizar. Pero cuando Flo murió en 1972, Flint no pudo seguir sin ella. Dejó de comer e interactuar con otros y mostró signos de depresión clínica. Su sistema inmunitario se volvió débil para mantenerlo con vida. Murió a la edad de ocho años y medio.

Las muertes de Flo y Flint fueron tristes acontecimientos en la historia de Gombe.

Jane se casó con su fotógrafo y crió a su hijo en la selva

A Jane no le interesaba casarse, se veía sola y rodeada de los chimpancés. Era lo que la hacía feliz. Hasta se enojó cuando se enteró que a su travesía se sumaba un fotógrafo, que llegaba a trabajar junto a ella.

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Hugo van Lawick, era el hijo de un barón de Indonesia, de quien se terminó enamorando. "Nos gustaba lo mismo, compartíamos los mismos gustos", supo explicar Jane.

En un viaje que debió realizar él, las cartas fueron testimonio de una declaración de amor de novela. Él le pidió casamiento y ella aceptó.

Contrajeron enlace el 28 de marzo de 1964 en Chelsea Old Church, en Londres, y vivieron en Tanzania durante muchos años. En 1967 fueron padres de su primer hijo Hugo Eric Louis, a quienes llamaban "Grub".

La llegada del pequeño se convertía en una nueva experiencia que la vinculaba más con los primates.

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Su hijo llegó a estar enjaulado (valga la ironía) para que ella pudiera seguir con su trabajo de campo. El nene debía estar entre rejas, ya que los chimpancés lo podían lastimar.

La vida familiar fue intensa los primeros años. Grub supo ser muy independiente en medio de la selva. Pero un día llegó la difícil decisión de dárselo a su madre para que comience la escuela en la ciudad.

Jane y Hugo estuvieron juntos durante 10 años hasta que por cuestiones laborales decidieron separarse."En la selva la muerte no se oculta", expresó la investigadora y con esa frase dio concluido su matrimonio.

La intimidad de la historia de Jane llega a Latinoamérica con una reciente recopilación de archivos que National Geogaphic convirtió en un documental que se estrenará en marzo de 2018.

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Una referente de la defensa de los animales y el medio ambiente

Desde su fundación -que tiene representación en la Argentina desde 2011-, Jane lleva adelante diversos programas de protección de los animales en peligro de extinción y sigue investigando a los chimpacés.

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Además es autora de más de setenta artículos, una decena de películas y numerosos libros, una producción muy extensa y traducida a varios idiomas. En todas con su claro llamado: "El mensaje más importante hoy es que cada uno de nosotros marca una diferencia cada día, si actuamos pensando en las consecuencias de lo que hacemos, lo que comemos, lo que vestimos, lo que compramos... Podemos elegir qué tipo de diferencia queremos marcar".

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