Panquequismo existencial

Por: Federico Mana
10 de diciembre de 2017

¿Por qué hoy somos capaces de defender un hecho que ayer repudiamos? ¿Cambiar de opinión es signo de debilidad o de inteligencia? ¿Alguien todavía valora la coherencia?.

Varios son los pensadores que afirman que si tenemos que ponerle un nombre a nuestra era este ha de ser el de “posmodernidad” refiriendo al hecho de que aquellos valores centrales de la modernidad (racionalidad, progreso, relatos que pretendan explicar el ser de todas las cosas) van perdiendo su lugar de poder para abrir paso a un nuevo abanico de conductas e ideas más cercanas a la conjunción de contradicciones, a la defensa de lo efímero y la apertura a nuevas racionalidades.

Es así entonces que la posmodernidad se volvió el terreno más fértil posible para la proliferación de verdades a medias, opiniones viscerales y memoria cortoplacista, encontrando en las redes sociales el lugar por excelencia para que se reproduzcan al infinito. De esta manera observamos a diario cómo miles de personas con todo tipo de roles sociales manifiestan sus pensamientos dentro de la lógica de la celeridad aún cuando estos se muestren totalmente contrarios a los que expresaron poco tiempo atrás.

Ideas

¿Por qué lo que ayer estaba mal hoy está bien? ¿Hubo un cambio en los hechos o en la forma en que estos se percibieron? Preguntas como estas son las que cuestionan no sólo las motivaciones humanas al momento de relacionarse con los acontecimientos sino también los orígenes mismos de la narración de la Historia y su valoración. Es decir que tal vez la historia más que ser la recopilación de sucesos sea un proceso de puesta en palabras de la percepción humana en un tiempo determinado.

Ahora bien ¿podemos dudar de lo acontecido? Es en esta pregunta donde se instaló otra “hija” de la posmodernidad: la “posverdad”. Para muchos sectores, para muchos humanos, no importa ya lo acontecido, lo que pasó fácticamente; lo que importa es la construcción de un relato emocional acerca de lo que pasó que pueda corresponderse con las creencias propias. Es el proceso de posverdad el que explica lo que en nuestra sociedad hemos llamado metafóricamente como “panquequear” al referir a la masa que hay que dar vuelta para ser cocida: la vara para medir lo que nos parece “bien” o “mal” está constituida por la conveniencia antes que por la coherencia.

Elegir

En este sentido, entendemos por “coherencia” a aquella postura en donde se mantienen ciertos valores o convicciones argumentadas a lo largo de un determinado tiempo, poniendo en práctica los mismos criterios para analizar y medir lo que sucede a nuestro alrededor. La coherencia por ende implica una lógica esperable basada en las palabras y en los actos. Pero si alguien utiliza siempre los mismos criterios para observar la complejidad del mundo ¿no estará siendo cerrado e incluso soberbio?

Pareciera por tanto que existen dos posiciones encontradas: si se cambia la opinión en función de los intereses se es un “panqueque” pero si se mantiene siempre la misma postura ante el mundo uno se convierte en conservador. Claramente estas son dos posturas límites que involucran una zona media amplia que permite mantener un criterio sin que esto signifique repetir siempre los mismos juicios tanto como admitir cambios de perspectiva sin tener que caer en contradicciones. Claro que, a la luz de los tiempos que corren, el equilibrio del punto medio no goza de buena salud.

elegir

Por todo ello es que podemos decir que el acto de cambiar sistemáticamente de opinión, y por ende valorar de maneras totalmente diferentes actos similares según nuestro interés o conveniencia, se ha convertido en una práctica tan habitual que, aunque la condenemos de la boca hacia afuera, no nos detenemos a pensar por qué ocurre, qué implica su existencia ni mucho menos cuánto incurrimos en ella nosotros mismos. Quizás, en épocas donde el “sinceramiento” está de moda, sea bueno sincerarse en nuestro interior y develar cuáles son los verdaderos intereses que nos hacen ser “panqueques” todos los días.

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