La moralina se defiende con línea de 3

Por: Federico Mana
27 de diciembre de 2017

La reacción social por el exabrupto cometido por el técnico de la Selección Argentina nos lleva a preguntarnos sobre las exigencias morales que tenemos para con los demás y para con nosotros mismos.

“Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Esta frase que bien podría atribuírsele a algún pensador se ha difundido gracias al tío de Peter Parker en la película Spiderman y pese a su origen poco académico, se la aceptó como una idea perteneciente al campo de la sabiduría humana. Sin ir más lejos, el grueso de las críticas que le llueven a Jorge Sampaoli es motivado, sin lugar a dudas, por esta noción.

Sampaoli discusión control alcoholemía

Es decir, más allá de la valoración moral negativa que se hace del hecho de maltratar a otro ser humano y de buscar denostarlo en función de su capacidad económica, el eje de las sanciones verbales que se leen y escuchan por doquier es que el daño surge por el rol que cumple Sampaoli ya que debería ser un modelo ético para toda la sociedad, un humano cuyo comportamiento debiera ser ejemplar e intachable. Pero, ¿por qué le exigimos una moralidad que posiblemente nosotros mismos no estemos dispuestos a cumplir?

¿Acaso no es el sistema consumista en el que vivimos un sistema que se basa en establecer diferencias socio-económicas y jactarnos de ello? ¿Para qué tenemos las redes sociales? ¿Para qué nos compramos autos enormes y hacemos viajes suntuosos? Quizás el problema radique en nuestra moral de bolsillo que nos señala que está bien hacerlo pero mal decirlo.

Ahora bien, cuando constituimos modelos sociales pareciera ser que lo que estamos buscando son ejemplos a seguir que nos liberen de la necesidad de tener que reflexionar por nuestros medios para alcanzar la definición respecto a qué es un acto bueno. Cientos de años atrás esta actitud humana era bien observada por el filósofo Immanuel Kant al señalar la existencia de “tutores” que nos dicen qué hacer, cómo, cuándo, dónde y que nosotros, por pura comodidad, no hacemos más que seguirlos, impidiendo el desarrollo de nuestra autonomía.

De esta manera, para evitar obstruir la emancipación lo que Kant proponía era hacer uso de nuestra razón, de no tener miedo de pensar por nuestros propios medios ya que, al hacerlo de forma correcta, llegaremos a entender sin que nadie nos diga qué es el bien. ¿No será entonces que al cargar las tintas contra Sampaoli pretendemos desligarnos de nuestras responsabilidades? ¿No será que buscamos sentirnos menos culpables por nuestros actos al compararnos con un supuesto modelo a seguir?

Retomando la ética kantiana, podemos decir que uno de sus objetivos es evitar que cada quien se sienta con el derecho a ser una excepción a la regla ya que para saber cuándo un acto es bueno debemos intentar entender si ese acto puede pensarse o quererse como universalmente válido. ¿Esto qué significa? Que si algo puede quererse o pensarse que lo haga toda la humanidad, entonces es bueno y, por ende, hecho por deber. Ahora, si uno se pretende excluido de ese deber cae la universalidad.

Es decir, el gran problema ético con el que nos encontramos aquí es que somos muy locuaces a la hora de exigirle al otro qué debe hacer y cómo debe actuar pero al mismo tiempo somos totalmente permisivos con nosotros mismos. La “moralina” se construye entonces a partir de expresar por todos los medios que se tienen a la mano lo mal que el otro actuó sin haber hecho un autoexamen completo respecto a las propias acciones. Una cosa es señalar que un acto es moralmente malo pero otra totalmente distinta es hacer un juicio moral sobre el otro para “enterrarlo” mientras me ensalzo a mí mismo.

Por todo ello, si bien es cierto que el poder conlleva su responsabilidad y que Sampaoli deberá hacerse cargo de sus dichos, debemos comprender también que el poder está presente en todas partes, incluso en nuestras vidas y que lo ejercemos a diario por lo que la responsabilidad nunca nos es ajena y a nosotros nos cabe totalmente cumplirla y reconocerla, hagan lo que hagan los demás.

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