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El Gobierno presiona a los gremios con las detenciones para negociar la reforma laboral

06 de enero de 2018

Primero fue Suárez, luego el Pata Medina y ahora Balcedo. Con la amenaza de la cárcel, el Ejecutivo busca que los sindicalistas accedan para aprobar, en febrero, la ley de reforma laboral.

Con Marcelo Balcedo preso, el resto de los sindicalistas comienzan a asustarse. Es que el Gobierno no va a perdonar a algún otro si está flojo de papeles menos antes de aprobar la reforma laboral. Y la carta que va a utilizar el macrismo para presionar a los gremios es la amenaza de detenerlos.

“La mayoría entró en pánico con el caso Balcedo, están asustados porque sus gremios están flojos de papeles también y por ahora no les tocó”. La cruda descripción se la hizo uno uno de los funcionarios con mayor influencia en las decisiones de política sindical al diario Perfil y permite entender cómo el Gobierno comenzó a reunir voluntades para discutir la reforma laboral.

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Jorge Triaca, ministro de Trabajo de la Nación<br>
Jorge Triaca, ministro de Trabajo de la Nación

“Vemos una clara división entre aquéllos que vienen jugando bien y los que no, y los vemos sacando su tajada política”, describe una fuente al diario Perfil de acceso al despacho del ministro de Trabajo, Jorge Triaca.

En este escenario los sindicatos vinculados a la energía (la tríada que conforman Oscar Mangone, del gas; Antonio Cassia, de la Federación de los Sindicatos Petroleros y Guillermo Pereyra), así como los beneficiados por la obra pública (José Luis Lingeri, de Obras Sanitarias, como Gerardo Martínez, de la construcción) son hoy aliados.

Roberto Fernández, de la UTA (quien se negó a sumarse al paro por la Ley previsional) también. Igual que Omar Maturano (Maquinistas) y los ya oficialistas, Héctor Daer, Cavalieri (Comercio), Pignanelli )Smata), Caló (UOM) y Viviani (Taxis) Con ellos, el oficialismo pretende darle un marco de consenso a la reforma, que ya ingresó al Senado.

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