"Volvete a tu país, china de m...": el relato de una joven discriminada

Por: Beatriz Ibargüen
06 de febrero de 2018

No solo sucede en Kansas, las personas de origen asiático son discriminadas en cualquier lado. Una joven que nació en la Ciudad contó las diferentes situaciones que sufre día a día su colectividad.

Que te miren como un extraño cuando pasaste toda tu vida en la misma ciudad o que estés caminando por la calle y te hagan el famoso gesto de estirarse los ojos. Éstas son algunas de las situaciones que muchas personas de origen asiático viven día a día en Argentina. Melanie Chong tiene 24 años y es de descendencia coreana. Vive en la Ciudad y como muchos otros de su colectividad tiene que lidiar con el estigma que hay en la sociedad.

"Mirá a la chinita, mirá"

Argentina se topó con miradas recelosas y comentarios así desde que comenzaron aparecer las primeras migraciones de asiáticos en el siglo XX y hoy, pese a que la globalización promete achicar brechas, ofrece referencias distantes para la cotidianidad y no tiene la fuerza suficiente para destronar la percepción primante sobre la colectividad en cuestión.

"Volvete a tu país, china de mierda".

Chong se sintió discriminada desde que era una nena. Recuerda que una vez, mientras viajaba en el asiento de atrás del auto de sus padres, vio a dos adultos que la miraron desde otro vehículo y le hicieron el famoso gesto de estirarse los ojos para luego reírse entre ellos.

“En la calle, mi mamá nos llevaba a mí y a mi hermano a pasear y muchas veces miraba con susto y miedo la misma escena una y otra vez: ella discutiendo con taxistas por haber hecho un comentario discriminatorio que siempre terminaba en 'Volvete a tu país, china de mierda'", recordó la joven, en diálogo con minutouno.com.

Para Chong la discriminación está naturalizada en el país, no importa en qué ámbito o lugar se encuentre, siempre va a toparse con comentarios xenófobos. “Los chinos usamos los sombreros con conitos, no sabemos hablar, gritamos cuando hablamos y solo comemos arroz y sushi. Es todo lo mismo”, dice la joven.

Incluso, ese estereotipo se refuerza constantemente en los medios. Chong recuerda que en el 2010, durante el mundial de Sudáfrica, Argentina y Corea del Sur se enfrentaban. En el programa de Marley "3, 2, 1 ¡A ganar!" hicieron un sketch donde se presentaba a los jugadores coreanos y cada vez que decían un nombre siempre aparecía la misma persona maquillada con el sombrero cónico de bambú.

¿Qué hice mal para merecer este tipo de violencia?


También el ámbito educativo es el espacio en el que se registra la mayor cantidad de actos de discriminación de todo tipo, pero para una persona de origen asiático como Chong es algo mucho más notorio. Una vez un profesor le preguntó su nombre con un tono de burla y sarcasmo: "Vos sos chin chan chun, ¿no? Jaja, perdón Melanie ¿no?".


¿Es un antojo pedir que en pleno siglo XXI no se nos discrimine?

Las redes sociales también son un medio donde el racismo está presente constantemente: es normal ver comentario insultantes sobre el tono de piel u origen. Chong vivió esto muy de cerca: un grupo de chicos la grabaron con un celular mientras ella tomaba algo con una amiga y luego lo compartieron en Facebook. La mayoría de los comentarios eran racistas.

Frente a todas esas situaciones, Melanie sintió rabia, impotencia y ganas de enfrentar a los que la discriminan. “Yo siempre intento hacerles caso pero se me hace imposible y pienso: ¿por qué tengo que tomarme el trabajo de discutir con alguien y escuchar comentarios xenófobos?, ¿por qué alguien tiene el derecho a sacarme del estado en el que me encuentro mientras camino en la calle pacíficamente?, ¿por qué cada vez que hablo de estos episodios con otras personas se me considera susceptible e hipersensible?, ¿por qué tengo que andar insultando cuando debería ser el otro el que no debería estar agrediéndome?, ¿qué hice mal para merecer este tipo de violencia?, se pregunta.

Melanie entiende que estos actos de violencia verbal se pueden dar en un lugar que permite que se den, y no van a cambiar inmediatamente, pero aun así se pregunta: ¿es un antojo pedir que en pleno siglo XXI no se nos discrimine?.

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