La casa de las perspectivas

Por: Federico Mana
25 de febrero de 2018

¿Todas nuestras ideas son el resultado de nuestro punto de vista? ¿La realidad existe y hay que descubrirla o es una construcción humana? La serie del momento nos lleva a pensar estas cuestiones.

Podría decirse que múltiples son las variables que hicieron que la serie “La casa de papel” haya tenido una amplia recepción en la sociedad. Por un lado la historia policial de un robo épico pensado al detalle por una mente obsesiva, también la narración de las relaciones humanas desarrolladas en un ambiente de extrema tensión junto con la “mística” que encierra con sus personajes con nombres de ciudades y su particular vestimenta son lo que configura la suma de elementos para atraer a las masas.

Sin embargo el recurso de presentar bandos antagónicos por los cuales tomar partida esperando su éxito es, claramente, el que prevalece en esta ficción española: aún cuando se haga el esfuerzo de evitar la dicotomía “bien-mal” como lúcida y transparente, con personajes que gozan de virtudes y sufren de defectos, la existencia de dos “equipos” contrapuestos está en su esencia.

Bella Ciao - La casa de papel (cena).mp4

En este sentido los modos de narración de la serie van buscando generar la empatía de los espectadores para con los atracadores, desde la voz en off hasta los flashbacks que nos muestran la intimidad de la banda del Profesor, resulta casi inevitable comenzar a simpatizar con ellos e ir deseando su victoria capítulo a capítulo, celebrando cada triunfo ante la policía.

Ahora bien, supongamos que desde un inicio la intención de los autores hubiese sido la de presentarnos a las fuerzas policiales como los héroes de la historia, mostrándonos su denodado trabajo por llevar justicia y detener a los delincuentes ¿hubiésemos simpatizado de la misma forma con los ladrones? Posiblemente sí, de haber estado esa intención desde el momento cero, el disfraz de moda hoy no sería el “mono” rojo con la máscara de Dalí, sino el de la policía madrileña...

La casa de papel

Es decir, el juicio de valor que construimos alrededor de esta ficción está dado necesariamente por la perspectiva llevada adelante por los guionistas. Nos identificamos con los delincuentes que son capaces de tomar como rehén a más de cincuenta personas, que están fuertemente armados y a los que nos les tiembla el pulso a la hora de disparar porque así fue pensando por sus escritores. De hecho, el apoyo de la “opinión pública” está pergeñada dentro de la misma trama por el personaje del Profesor quien sabe que serán vistos como “héroes”.

Así pues si con el simple ejemplo de un producto televisivo podemos observar cómo la narración de los hechos moldea la perspectiva a través de la cual emergerán nuestros juicios ¿sucederá de la misma manera en todos los ámbitos de nuestra vida? En su texto “Sobre verdad y mentira en sentido extra moral” el filósofo Friedrich Nietzsche acusa a la humanidad de confundir su visión del mundo con el ser en sí del mundo. Su crítica radica en que, para él, nos hemos convencidos que nuestra perspectiva es la única real, válida y universal pretendiendo que la realidad sea sólo lo que nosotros podemos contemplar. “¿Acaso una mosca no verá el mundo como mosca?” se pregunta el mismo que sostuvo que no hay hechos sino interpretaciones.

De esta forma ingresamos en un conflicto filosófico que parece imposible de dilucidar: esta realidad que percibimos ¿es la que es o es la que construimos desde nuestra visión? Y si fuese así ¿se puede modificar? ¿Hasta dónde? Cuando se presentan posiciones totalmente encontradas en un debate cada una de ellas se manifiesta como portadora de la visión de la realidad más certera e, incluso, no sólo de la visión sino de la verdad en sí misma.

Se espera, por supuesto, que cada posición tenga sus argumentos filosóficos, políticos, sociales y científicos que son los que darán mayor o menor apoyo a sus hipótesis aunque debiéramos preguntarnos si son capaces, por mucha fuerza que tengan, de hacernos variar nuestra perspectiva o, cuanto menos, reconocer que existe otra distinta a la propia. Sabemos ya que los dualismos, las oposiciones y las dicotomías nos atraen hasta el punto de no poder evitar tomar partido, tal como nos muestra “La casa de papel” pero aún cuando esto suceda ¿es lo real del ser humano o es otra perspectiva más?

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