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¿Por qué Natacha?

Por: Federico Mana
07 de abril de 2018

Después de sus denuncias en la mesa de Mirtha, Jaitt fue el epicentro mediático de la semana. ¿Su irrupción fue un acto de justicia o se la banalizó?

Quizás la vorágine de las declaraciones, las acusaciones cruzadas, los móviles en vivo, las visitas a tribunales y las denuncias sobre operaciones secretas que acontecieron durante toda la semana no nos dieron el tiempo para detenernos y pensar por un instante para tomar conciencia de lo que ocurre. ¿Por qué un caso policial toma relevancia en programas de espectáculos? ¿Por qué se habla de mediáticos, periodistas y productores antes que de los chicos que sufrieron abusos? ¿Por qué reconocemos a Natacha Jaitt como alguien que supuestamente está investigando el caso y no a fiscales o jueces?

Si vivimos en la sociedad del espectáculo tal como lo señala Guy Debord todas estas preguntas se responden mediante una sola palabra: show. La televisión vive del show que no es otra cosa que el mostrar toda la gama de pasiones y miserias humanas a toda hora del día, ya sean ficticias o, cada vez más en el último tiempo, emergentes de la vida real. Así pues todo lo que toca la televisión parece volverse inmediatamente presa del entretenimiento, devorado por la lógica del rating que mide los tiempos en función de lo que es atractivo para un espectador que de no ser estimulado echará por tierra cualquier esfuerzo con el simple pulsar de un botón de su control remoto.

En este sentido ¿es un estudio televisivo el lugar para ejercer justicia? Aquí la definición de lo que entendemos por esta palabra será clave. Si entendemos a la justicia desde el punto de vista formal, como uno de los poderes de la Nación, como aquella que debe garantizar los derechos constitucionales y punir sus violaciones debemos decir que, claramente, la televisión lejos está de ella. El entretenimiento exige muchas cosas, pero pruebas, investigaciones metódicas y ajuste a derecho no. Cualquiera que busque justicia no podrá encontrarla ante una cámara.

Ahora bien, si contemplamos a la justicia desde un punto de vista más amplio donde se incluye a toda la población y su capacidad de emitir juicios, quizás la televisión como un fenómeno de masas sÍ pueda percibirse bajo un rol de justicia. Trabajar sobre la opinión pública generará una perspectiva determinada en función de lo que se diga y cómo se lo diga pero ¿es esto un paradigma de lo justo? Si fuese cierto algo de lo dicho por Jaitt y provocase un juicio popular negativo sobre alguno de los nombrados ¿podemos decir que se hizo justicia?

Ingresamos aquí en un punto conflictivo que es el de tener que pensar si se le puede exigir un rol a la TV más allá del de entretenimiento. Formalmente entendemos que cualquier producción que se dé en este formato debería respetar la pluralidad de voces, el derecho a la diversidad y principios éticos que resguarden las libertades individuales. No obstante en la práctica observamos cotidianamente cómo se aprovechan lagunas legales o sombras del lenguaje para romper con ello en pos de hacer un show más atractivo para el público. En una sociedad del espectáculo y la transparencia, la televisión se vuelve un medio para mostrarlo y decirlo todo, sin importar las consecuencias.

Pero ¿se muestra todo o se dice que se muestra todo? Lo sucedido en el programa de Legrand ¿habrá pretendido develar una situación u ocultar otra? Llama la atención que el eje informativo se corrió de las víctimas y se posó sobre otros protagonistas como si lo importante fuera qué va a responder un conductor en su programa y no cómo se gestó y posibilitó una red de pedofilia y prostitución de menores en el ámbito futbolístico.

Por lo tanto ¿hay justicia si se invisibiliza a las víctimas? ¿Qué justicia puede dar una televisión que pareciera más preocupada en el espectáculo de las peleas mediáticas de los supuestos implicados que en los chicos abusados? Aún si todo lo espetado por Jaitt fuera cierto ¿qué avance logró su declaración en la causa? ¿Cómo reparó la injusticia a la que se vieron expuestos esos menores? Lo concreto es que hoy nos encontramos ante un show morboso que transformó, una vez más, un caso aberrante en un pasatiempo banal para consumir tarde tras tarde ¿esa será la justicia buscada?

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