"Riality" show: ¿cuál es el límite entre lo público y lo privado?

27 de mayo de 2018

El escándalo mediático surgido por las acusaciones de Morena Rial contra su padre y los audios filtrados de éste llevan a preguntarnos si toda nuestra vida debe ser producto para el entretenimiento ajeno.

federico mana chapa

En los últimos tiempos hemos naturalizado la “viralización” de mensajes de audio como si fuese algo totalmente normal. Desde cuentas en redes sociales que los satirizan con dibujos animados para la ocasión hasta periodistas que buscan ganar su reputación y generar contenido sólo con su reproducción al aire, pareciera que hoy en día los mensajes personales salieron de la esfera privada para clavarse en la esfera pública.

Así pues el delgado límite entre lo íntimo y lo público se difumina ante las facilidades técnicas del “compartir”, “reenviar” o la captura de pantalla. No obstante, no es sólo la voluntad de un tercero la que influye para que nuestros contenidos pensados para pocas personas lleguen a ser masivos sino que también entra en juego el propio deseo de los sujetos de volverse públicos, de hacer de la vida un show constante.

"Las 'historias' de Instagram se han vuelto un rasgo de época"

Es en este sentido que las “historias” de Instagram se han vuelto un rasgo de época: contenido efímero dirigido a mostrar en tiempo real nuestro devenir cotidiano. El control institucional a partir del uso de mecanismos como el panóptico del que hablaba Foucault pareciera haberse disuelto al convertirnos cada uno de nosotros en controladores recíprocos, brindándonos mansamente a la mirada escudriñadora del otro sin ningún resguardo.

foucault.jpg
Michel Foucault (15 de octubre de 1926-25 de junio de 1984)
Michel Foucault (15 de octubre de 1926-25 de junio de 1984)

Pero ¿por qué habrá sucedido esto? Quizás porque este tipo de tecnologías hizo estallar la esfera pública, volviéndose así el ámbito virtual-digital en la dimensión de aparición, pertenencia y reconocimiento por antonomasia. Sin embargo como este tipo de tecnología se basa en vigilancia ininterrumpida, su irrupción ha invadido el plano de lo personal hasta dejar a la luz los rincones más oscuros de la vida humana.

Desde este lugar entonces podemos entender cómo es que la sociedad acepta que se “filtren” conversaciones privadas de personas, otorgándole la misma entidad que a cualquier otra producción pensada para ser pública. De esta forma observamos cómo el formato televisivo del reality ya no es una muestra de la vida misma, sino que la vida misma cobra el formato de reality. Los dispositivos que nos facilitan la existencia son los mismos que la vigilan y la vuelven un dato más pasible de ser incorporada al infinito tráfico de información.

Veamos por ejemplo cómo en el caso de los Rial un conflicto familiar toma relevancia nacional a partir de la voluntad de una de las partes por llevarlo al plano público a través de sus redes sociales pero también con la filtración de audios de WhatsApp que, a priori, no fueron pensados como contenido masivo. Desde el afuera, desde el punto de vista de la sociedad consumidora de vidas ajenas como si de ficción de entretenimiento se tratase, poco importa tal distinción: todos los elementos que sumen a la “novela” More – Jorge Rial son bienvenidos.

Posiblemente lo que sume al morbo de esta historia es que uno de sus protagonistas es un sujeto que hizo una carrera en función de confundir las esferas públicas y privadas. Alguien que aportó fehacientemente a la naturalización social de las filtraciones y la intimidad revelada. ¿Significa esto que entonces merece que toda su vida se vuelva pública? La respuesta es "no" aunque su exposición como figura reconocida dentro de este estado de la situación hace que, indefectiblemente, la sociedad busque que nada permanezca en lo íntimo, que todo se vuelva transparente para poder desde allí emitir sus juicios de valor.

A tal respecto, hacer de la propia vida un elemento de consumo público para el entretenimiento de las masas se ha vuelto tanto una aspiración como un mandato ineludible para aquellos que busquen pertenencia social. Claro que el supuesto bienestar que nos otorga el reconocimiento medido en cantidad de visitantes de nuestros perfiles en redes sociales tiene como contrapunto el riesgo de transformar nuestra existencia en un producto de exposición más, regido por la lógica de consumo del compro, uso y descarto.

Temas