La dolarización encubierta

Por: Fernando Alonso
31 de mayo de 2018

La decisión del gobierno de Mauricio Macri de vetar la ley sancionada a instancias de la oposición para regular los incrementos en las tarifas de los servicios púbicos no responde a un problema fiscal, como insistentemente lo plantea el oficialismo, sino a la vocación por acelerar el proceso de dolarización de la economía que está presente en medidas concretas de gestión y en gestos inequívocos como fue la despolitización de la moneda nacional.

La actualización del valor de las tarifas tiene dos etapas: la primera fue equiparar el valor interno al valor internacional. Una vez alcanzada esa equiparación (en la visión de la cartera de energía todavía no se alcanzó pese a que ya se encuentra por encima de muchos países de la región) pasarían a ajustar por la inflación mayorista de Estados Unidos más la devaluación del peso para mantener esa paridad internacional.

Los tarifazos responden a la vocación por acelerar el proceso de dolarización de la economía que retomó el macrismo

La idea de la oposición fue retrotraer el valor al 1° de noviembre pasado y actualizar las tarifas por el Coeficiente de Variación Salarial (CVS) para el caso del uso domiciliario y por la variación de precios mayoristas que releva el INDEC para el suministro a pequeñas y medianas empresas. La actualización de tarifas se concretaría una vez al año, de tal manera de dar previsibilidad y estabilidad a la economía.

La diferencia entre uno y otro sistema está en la esencia de los modelos económicos. Uno plantea los servicios públicos como un negocio privado el otro como la base del desarrollo social y económico de la sociedad.

¿Por qué una familia o una empresa que desarrolla su actividad productiva en Argentina tiene que pagar el valor de la energía a costo internacional en dólares si sus costos de producción -salarios, impuestos, insumos- son en pesos? Simplemente porque el modelo incluye la apertura sin barreras aduaneras de la economía: libre flujo de bienes y servicios al valor de mercado. En ese esquema, sólo la actividad agropecuaria (siempre dependiendo del clima), la minería y la extracción de petróleo y gas pueden ser rentable a costos internacionales. Y para que se generen saldos exportables hay que bajar el consumo interno de la energía pero también de todos los bienes transables, empezando por los alimentos que también tienen precios dolarizados.

Existen dos modelos, uno que plantea los servicios públicos como un negocio privado y otro como la base del desarrollo social y económico de la sociedad

El proceso de dolarización de la economía que se inició en la década del '90 con la convertibilidad (con el paréntesis a partir de la crisis de 2001 y hasta 2015) ingresó en una nueva fase, alentada con instrumentos emitidos desde el Banco Central y del Ministerio de Hacienda, como lo fueron la eliminación de la restricción a la indexación de los contratos, los créditos hipotecarios y al consumo ajustados por UVA, la introducción del bimonetarismo con la libertad para comprar y vender divisas sin ninguna restricción o aceptar el poder cancelatorio de monedas no nacional. Incluso, la renovación del papel moneda sustituyendo próceres, ex presidentes, acontecimientos históricos por flora y fauna en una medida tomada por la autoridad monetaria sin ningún debate político y público tuvo el trasfondo de restarle valor nacional y emocional.

La indexación por UVA (inflación) es parte de la dolarización en la medida que la paridad cambiaria sigue la evolución del valor de la divisa.

El modelo de globalización basado en el libre flujo de bienes y servicios fue la base de los acuerdos que planteó Estados Unidos hasta Donald Trump y Europa a partir de la unificación. Significa congelar la foto del desarrollo. Ganadores y perdedores. Naciones desarrolladas y subdesarrolladas. Todo queda igual, sin posibilidad de discutir una nueva distribución global de ingreso.

El proceso de dolarización de la economía se inició en la década del '90 con la convertibilidad, tuvo un paréntesis entre 2001 y 2015 y ahora entró en una nueva fase

La versión del presidente Mauricio Macri de que "no hay otra alternativa" es cierta en la medida que el fin que se busca es esa integración. Pero hasta en eso llega tarde Macri. El mundo discute ya cómo integrar y no como maximizar rentabilidad. Un debate alentado, incluso, por los mayores multimillonarios del mundo que propusieron discutir una renta básica universal.

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