¿Qué es la lógica y para qué nos sirve?

03 de junio de 2018

Que algo sea señalado como "lógico" puede sonar como un argumento sólido, pero ¿es lo mismo el sentido común que la lógica?

federico mana chapa

La Cámara Federal porteña sostiene que el fiscal Nisman fue asesinado por su denuncia contra la por entonces presidenta Cristina Kirchner apelando, entre otros argumentos, a una cuestión supuestamente lógica: si el fiscal murió horas antes de la exposición de su denuncia en el Congreso de la Nación, entonces tuvo que haber alguna conexión entre su deceso y los actos propios de su función.

Ahora bien, la apelación a la lógica se da aquí entendiendo que existe una conexión causal insoslayable entre los distintos sucesos pero ¿se encarga la lógica de mostrar puntos de conexión o más bien de demostrar leyes del pensamiento? En muchas ocasiones utilizamos nuestro sentido común para arribar a distintas conclusiones: por ejemplo si vemos en la calle varias personas mirando hacia arriba nosotros también miraremos hacia allí porque presuponemos que algo está ocurriendo.

Sin embargo, las conexiones causales que establece el sentido común no siempre van de la mano (por no decir “casi nunca”) con las de la lógica ya que esta es una disciplina que va más allá al buscar las reglas precisas que establecen cómo construimos razonamientos y cómo nos aseguramos que estos estén bien construidos. De esta manera la lógica nos ayuda a evitar caer en “trampas” del pensamiento como creer que si muchas personas miran para arriba necesariamente esté ocurriendo algo importante.

Así entonces cuando buscamos apelar a lo lógico no deberíamos detenernos en señalar vínculos que parecen dados u obvios, sino más bien en demostrar si esas conexiones que parecieran existir realmente existen mediante pruebas concretas capaces de ser reproducidas y que lleguen al punto de ser indudables. Sin ir más lejos, cuando en el lenguaje cotidiano aseveramos que algo es “lógico” queremos decir que eso es necesariamente así y no puede ser de otra manera.

Claro que, para poder llegar a este punto, si apelamos al sentido común o si se quiere, a la aceptación de la mayoría porque parecería ser eso que se señala lo más esperable, no estamos siendo precisamente lógicos. De hecho la lógica tiene un nombre para este tipo de error del pensamiento: falacia de apelación al pueblo. ¿Qué significa esto? Básicamente que una afirmación no puede ser tomada como verdadera sólo porque sea aceptada por una mayoría.

Es por ello que puede sostenerse que el sentido común se basa en creencias (aunque esto no significa que desde allí no se pueda llegar a afirmar premisas verdaderas) mientras que la lógica se basa en pruebas y demostraciones. Por ejemplo sabemos que si una afirmación es el resultado de un tipo específico de relación entre dos premisas verdaderas esta será necesariamente verdadera: si digo “la lluvia es el resultado de la condensación del vapor de agua contenido en las nubes” y luego que “está lloviendo en mi ciudad”, si ambas son afirmaciones verdaderas y las hago interactuar, la conclusión “se condensó el vapor de agua contenido en las nubes que hay en mi ciudad” deber ser necesariamente verdadera.

Por supuesto que la lógica desarrolló muchas más teorías y horizontes de conocimiento que el famoso tipo de razonamiento modus ponens o si está lloviendo o no. Pero de todas formas su parámetro de base es la comprobación formal, el establecimiento de conexiones causales demostradas, y por ello necesarias, que muy lejos están del sentido común que no es capaz de repetir el rigor que la lógica tiene.

La historia de la humanidad está repleta de contraejemplos que echan por tierra lo que en una época la sociedad consideró como esperable o “lógico” desde el sentido común. Por ello, pretender basar nuestras aseveraciones sobre un caso particular o sobre el mundo en sí mismo desde ese lugar nos quita probabilidad de certeza y, a su vez, nos aleja de la posibilidad de conocer lo más rigurosamente posible aquello que desconocemos. Esta es ni más ni menos que la trampa que nos tiende ese sentido común que quizás en muchas ocasiones nos funciona pero que no podemos trasladar a todos los ámbitos de nuestra vida… Suerte que exista la lógica entonces.

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