-

-

Mientras el campo piensa en producir, el Gobierno insiste con las retenciones

18 de junio de 2018

Las últimas semanas fueron realmente complejas para la Argentina, que vive una nueva crisis político – económica y, tristemente, social. La imposibilidad del gobierno de Mauricio Macri para domesticar la inflación, sumado a la falta de confianza generaron una corrida cambiaria que vuelve a mantener en vilo a la sociedad, minuto a minuto.

Los cambios recientes en el gabinete en los planos económico, productivo y energético ponen de manifiesto que el plan para transformar el país, que comenzó en 2015, necesita un giro importante: será fundamental observar en los próximos días cuales serán las exigencias de un FMI que vuelve como responsable de un ajuste que el propio Macri esquivó desde el inicio de su gestión.

Cabrera, Aranguren y Sturzenegger.jpg

La sociedad sufrirá otra vez en carne propia los embates del “mercado” que sólo se protege a si mismo, utilizando la delantera más efectiva: ingenuidad e inoperancia de un gobierno que en los últimos meses no encontró estrategia para jugar el partido de la realidad. Atrás quedaron las frases de campaña en las que era muy fácil controlar la inflación y hacer crecer el país.

Mientras tanto, Nicolas Dujovne, el hombre que no puede transformarse en “héroe” pero que tiene la cinta de capitán, desde el Ministerio de Hacienda, intenta dar tranquilidad en medio de la turbulencia que llevó el dólar a un nuevo récord histórico, arañando los $ 30.

Sin Federico Sturzenegger en cancha, Dujovne ratificó el sistema de flotación cambiaria y aseguró que se trabaja para eliminar la volatilidad de los mercados, reducir el stock de Lebac y fortalecer las reservas del Banco Central. Decirlo es fácil, pero hacerlo parece una misión imposible.

Este escenario, preocupante para cualquier argentino, pone en estado de alerta a los sectores productivos porque se mantiene “el plan económico”, es decir, esas condiciones que propician un ámbito en el que es prácticamente imposible producir, generar riqueza, empleo o desarrollo económico. Mantener una PYME en nuestro país no es para cualquiera, emplear y pagar sueldos, buscar ser eficiente con costos altísimos en los servicios públicos, es una tarea que desgasta y aniquila al más calificado.

Para el productor agropecuario, que una vez más vuelve a escuchar que el propio Ministro de Hacienda tiene en su mente la posibilidad de modificar el esquema de baja de retenciones al agro, particularmente a las exportaciones de soja, o que se implementen en otras materias primas, es mucho más que una alerta: es un engaño y un deja vú de aquel pasado que prefiere olvidar.

¿SIEMPRE LA MISMA RECETA?

Durante los años 70, en muchas universidades de la Argentina circulaba un paper en el que se intentaba responder a la siguiente pregunta: ¿Por qué los sectores productivos no crecen en la Argentina? La respuesta está a la vuelta de la esquina: cada vez que un sector obtenía una renta extraordinaria, el estado aparecía para captar parte de esa ganancia, generando un retraso en el desarrollo. Aún así, la agroindustria supo sortear los coletazos de un país que permanentemente vive de crisis en crisis y creció, generando empleo, riqueza y dólares, uno de los bienes más preciados por estas latitudes.

En Argentina, el agro constituye una actividad estratégica para el desarrollo económico y social por su impacto en la producción, el agregado de valor, las exportaciones y el empleo, con su consiguiente impacto positivo en la distribución del ingreso y la equidad social. Bajo esa premisa, el kirchnerismo puso retenciones a los principales productos agroindustriales y partió de una idea, la de terminar con la pobreza redistribuyendo el ingreso. Fue error y delito, porque no sólo se tomó la renta del agro, volviendo a las políticas que no dieron resultado, sino que además ese dinero se malversó y desapareció. Para tener una referencia, si contemplamos los ingresos de dólares al país desde 2002, incluyendo materias primas y productos de origen agropecuario, sin tomar los procesados por la agroindustria, el campo aportó al país más de 525 mil millones de dólares. De es monto, el estado recaudó un porcentaje importante en concepto de retenciones. Entonces, la pregunta que subyace es: ¿cuántos dólares necesita la Argentina para evitar nuevas crisis?.

UN SECTOR DEL GOBIERNO INSISTE CON LAS RETENCIONES

No quedan dudas que el gobierno tiene muchos frentes a resolver por delante: el gasto público, los déficit comercial y de cuenta corriente, los vencimientos de deuda, etc. Por estos motivos, le será muy difícil, casi imposible, controlar otras variables de la economía, como la inflación y el tipo de cambio.

Que el gobierno carece de ideas y que abundan los problemas no es una novedad. Que no hay confianza, que los productores deciden conservar cerca de 20 millones de toneladas de granos en sus campos y que la lluvia de inversiones no llegó, tampoco lo son. Los productores mantienen su decisión de conservar cerca de 20 millones de toneladas de granos en los campos porque no hay una propuesta seria para que ingresen dólares a la economía: una de ellas podría ser una rebaja de retenciones, algo que sugirió la legisladora aliada a Cambiemos, Lilita Carrió.

Por lo tanto, es probable que el Ministro de Hacienda, Nicolas Dujovne, recurra a lo seguro y termine haciendo modificaciones en los esquemas de retenciones por varios motivos: uno de ellos es que el campo es el gran generador de divisas y tendrá, según los pronósticos, una muy buena campaña agrícola. Si la hubiera tenido este año, probablemente hubieran decidido hacerlo, pero la sequía, que le restó más de un punto al PBI según estimaciones oficiales, lo impidió. El otro aspecto es que deberán equilibrar nuevamente la economía, ponerla en línea de flotación, porque con una devaluación como la que vivimos en los últimos días, los esquemas quedan viejos y hay que reorganizarnos. De alguna manera habrá que pensar en herramientas económicas que permitan no sólo exportar y desarrollar las pymes agroindustriales, sino también mantener un mercado interno que buscará, más que nada en el rubro alimentos, no perder demasiado de lo que consumió en los últimos años.

Volver a las retenciones sería un error no sólo económico sino también político, que le costará muy caro al propio Macri, porque destruiría por completo ese acuerdo implícito que existe entre el campo y él. Para evitarlo, los actuales funcionarios deberán hacer lo que nadie hizo en los últimos 50 años, dejar de lado el corto plazo y pensar en cambios profundos. Es complejo pero posible y muchos, con el ceño fruncido, se preguntan cuándo ocurrirá; sin embargo también hay una respuesta concreta y es que en algún momento el país debe y tiene que empezar a hacer las cosas bien.