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Ayer comí en un restaurante del futuro
Me bajé del subte en la estación Florida de la Línea B, caminé tres cuadras, llegué y había solo una persona, su función era asistirme y brindarme ayuda si lo llegase a necesitar. En el lobby había siete tablets. Me acerqué a una, toqué la pantalla puse mi nombre y me mostró el menú con diferentes opciones: guiso de lentejas, wok de pollo, polenta con estofado, rolls, ensaladas, sopas, bebidas y postres. Seleccioné lo que quería comer, saqué el celular, escaneé un código QR y automáticamente realicé el pago.

Solo me quedaba esperar el pedido en un salón aparte repleto de cubículos futuristas. En tres minutos apareció en una pantalla mi nombre, la apreté y como si fuese un portón automático se abrió y ahí estaba mi guiso de lentejas acompañado de un jugo de naranja.

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El restaurante del futuro

Detrás de esos cubículos es donde se da la magia que los clientes no ven. Ahí están el chef encargado, los ayudantes de cocina y hasta los técnicos que monitorizan que el sistema funcione correctamente y con la automatización necesaria para hacer que todo sea lo más rápido posible.

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En el mundo de la tecnología se habla de cómo la inteligencia artificial se meterá en cada aspecto de nuestra cotidianidad, de cómo los autos se manejarán solos evitando los accidentes de tránsitos o la manera en la que los robots nos ayudarán a solucionar nuestras vidas y hacerlas más simples, pero poco se menciona sobre la innovación en el mundo de la gastronomía. Justamente en este ámbito incursionó Martín Zuker cuando desarrolló, junto a Guido Stella y Mariano Fernández, Föster, un restaurante que cambió los mozos por ingenieros.

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"¿Mi plata no vale?", reza el dicho popular. En este lugar, tu efectivo no vale nada. Es literalmente un lugar cash free. Uno de los primeros que hay en el país y una iniciativa que no para de crecer en todo el mundo. Las opciones en el restaurante son simples: o se paga a través de las aplicaciones de Mercado Pago o Mercado Libre o se paga con tarjeta de crédito o débito.

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Para algunos puede parecer una experiencia complicada, pero no lo es. Una vez que se configura la app de Mercado Pago o la de Mercado Libre, lo único que resta hacer es agarrar el teléfono, escanear el código que aparece en el restaurante y en menos de un segundo vas a estar esperando tu pedido.

En ningún momento interactué con algún empleado. La meca del millennial que llega con auriculares y en ningún momento tiene que pausar su música ni usar efectivo ya es una realidad en Buenos Aires.