Sin regulación el precio del dólar no encuentra techo

No es la crisis turca, no es la guerra comercial desatada por Donald Trump, no son (por lo menos en lo esencial) los efectos de los "cuadernos de Centeno"; lo que pasó este viernes con la disparada del dólar y la reactivación de la corrida cambiaria que solo logró una pax de un mes desde que se inició en abril pasado es consecuencia del modelo neoliberal que lleva adelante la administración de Mauricio Macri y que significó, entre otras medidas, levantar todo control a los flujos de divisas.

La política cambiaria acordada por el Gobierno con el Fondo Monetario Internacional impide al Banco Central intervenir con ventas de divisas para alimentar la demanda, tanto la generada por los importadores como por las empresas que necesitan divisas para cumplir con compromisos externos o, fundamentalmente, la que se adquiere como reserva de valor frente a la depreciación del peso y la desconfianza en la política oficial.

Sin la billetera del BCRA, sólo están sobre la mesa los u$s50 millones que subasta cada día el Tesoro del crédito que concedió el Fondo Monetario y los pocos dólares que liquidan los exportadores para satisfacer las necesidades de pesos para mantener las operaciones en el país.

La famosa restricción externa de la economía argentina descripta por Marcelo Diamand fue y es el mayor obstáculo para el desarrollo productivo del país. La lógica económica indica que frente a un bien escaso se impone una fuerte regulación para administrarlo. El dólar es el bien más escaso de la economía argentina. Y el gobierno optó por no intervenir en su asignación y dejar que el mercado lo haga. Y la forma de hacerlo es por precio: el mayor que esté dispuesto a pagar el que lo quiera.

Esta política significó que los pocos dólares que genera la economía no se asignen según las necesidades de desarrollo si no según el precio que cada uno esté dispuesto a pagar. Y en esa pelea se impusieron históricamente los que compran divisas para girar al exterior por utilidades en caso de las empresas o fugar del país en caso de los empresarios. El FMI estima que los argentinos tienen en el exterior no declarado el equivalente a un PBI: 500/600 mil millones de dólares. Ni la suma de todas las coimas pagadas en los cuadernos de Centeno se acercan a lo que los argentinos (empresarios, directivos, profesionales) sacaron del país para resguardar o evadir.

El riesgo país (la medición que hace el banco de inversión JP Morgan para orientar a fondos de inversión) se disparó el viernes a más de 700 puntos. Significa que hoy Argentina debería pagar una tasa de interés de dos dígitos si quiere emitir deuda. Significa que ninguna empresa podría hoy conseguir financiamiento para desarrollar proyectos productivos. Significa que ninguna pyme puede conseguir capital de trabajo para sostener su actividad en medio del desplome del consumo. Significa que el mercado no asigna correctamente los recursos y que sin un cambio de política económica el dólar no va a tener techo o el peso no va a tener piso en su devaluación.