El dólar sigue sin precio

Es difícil saber qué pasó este miércoles en Argentina. Con una misión de urgencia a Wall Street para pedir paciencia a los inversores internacionales, las reservas del país cayeron u$s1.617 millones. De tal manera que desde la firma del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional se llevan perdidos u$s8.629 millones (todo el desembolso del Fondo y mil millones de dólares más).

La explicación oficial fue la devolución de una línea de crédito transitoria tomada por el Tesoro con bancos comerciales por u$s500 millones que se decidió cancelar y no renovar. Pero en un contexto de alta volatilidad, con los mercados atentos a la capacidad de reacción del Banco Central argentino, es significativamente extraño que se cancele una línea de crédito abierta. Hasta deja abierta hipótesis sobre la posibilidad de que los bancos no lo hayan renovado y obligado a cancelar.

Desde que trascendió la caída de reservas pasó a segundo plano el análisis de la inflación de julio, que según el Indec fue de 3,1%, acumuló 19,6% en el año y 31,2% en los últimos doce meses poniendose en zona de waiver.

Tendría que bajar de 2% mensual hasta fin de año para encauzar la inflación en el acuerdo con el Fondo, que esta semana dejó en claro que 32% es el tope máximo permitido. En los libros de Nicolás Dujovne, el ministro de Hacienda, y Luis Caputo, el presidente del BCRA, sólo se controla la inflación subiendo la tasa de interés y generando recesión económica. Eso es lo que va a dominar hasta fin de año y seguramente la primera mitad de 2019, hasta que la campaña electoral obligue a generar una sensación de salida de la crisis que le devuelva posibilidades al oficialismo de renovar por cuatro años más.

La inflación del IPC esconde que en Alimentos y Bebidas fue de 4% en julio y 22% en lo que va del año, agravando la situación de los sectores de menores ingresos donde es mayor el impacto sobre el consumo. Con salarios que van atrasados, hoy hay un diez por ciento menos de capacidad de compra de alimentos.

El Banco Central vendió el martes u$s200 millones y el miércoles otros u$s781 millones, en un intento por frenar la escalada del precio de la divisa y pareció que la intención es evitar que suba más de los $30 por unidad.

Cada peso que sube el dólar obliga a un ajuste extra del gasto del orden de los $20.000 millones de pesos hasta fin de año. Ese fue el motivo que llevó a romper las promesas a la industria y el campo de que no se tocarían ni los reintegros ni la baja de retenciones a las exportaciones de cada sector, respectivamente.

El problema que enfrenta el Gobierno es que no logra poner un techo al precio del dólar (o un piso a la devaluación del peso). El mercado entendió que el mejor equipo de los últimos cincuenta años no tiene forma de abastecer de dólares a todos los que quieren comprar, ya sea por necesidad comercial, especulación financiera o reserva de valor. El crédito del FMI y las reservas de libre disponibilidad no alcanzan para cubrir todos los vencimientos de deuda si ninguno de los acreedores acepta el roll over del capital: cobrar los intereses y refinanciar el capital de la deuda.

Sin el precio del dólar (el principal insumo de la economía argentina) seguirá siendo imposible encauzar la inflación: ya no empezar a bajarla sino simplemente frenar la escalada.