La crisis cambiaria goza de buena salud

Fue un mal lunes para la cotización de las acciones de bancos argentinos en Wall Street. Tampoco fue buena la jornada para las monedas como el real brasileño o la lira turca que siguen perdiendo valor frente al dólar. Y todavía quedaron pesos flotando en el mercado de quienes optaron por no renovar las Lebac que vencieron el martes pasado. Toda una combinación que anticipa una nueva semana de inestabilidad en el mercado de cambios local, lo que se transmite al resto de la economía real que viene sufriendo los embates de la crisis financiera.

En un contexto en el que el Gobierno no tiene ni la capacidad ni la intención de apaciguar los golpes externos, es probable que el peso enfrente otra corrida, que la mantenga liderando el ranking de las monedas más depreciadas del mundo. Para el equipo económico es mucho más preocupante la caída de cotización de los bonos de la deuda argentina que la devaluación del peso.

Cada vez que caen los bonos es un punto que sube el riesgo país. La semana pasada estuvo arriba de los 700 puntos y recién sobre el final logró bajar al rango de 650 puntos. Siguen reflejando tasas de default. Aunque el vicepresidente del BCRA, Gustavo Cañonero; el secretario de Finanzas, Santiago Bausili, y el vicejefe de Gabinete Mario Quintana intentaron calmar a los inversores en encuentros que mantuvieron la semana pasada en Nueva York, la respuesta se pareció a una de las frases célebres del acerbo argentino: fueron a hablarles con el corazón y les contestaron con el bolsillo.

Sin noticias favorables desde Wall Street, el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, tomó la posta el fin de semana para insistir en el mismo discurso: el Gobierno va a cumplir con la meta de ajuste fiscal y tiene garantizado el financiamiento para lo que resta de 2018 y anticipado la parte sustancial de lo que se necesitará en 2019. Pero todavía será necesario captar un piso de 7.500 millones de dólares para cumplir con los compromisos en divisas. Para economistas como Martín Redrado o Marco Lavagna, ningún país va al default por esa cifra. En proporción de las necesidades de financiamiento, es cierto que es un monto bajo y posible de captar en el mercado interno, sin necesidad de colocar deuda en el exterior.

El problema es que para lo que resta de 2018 y 2019 no están garantizados los dólares que necesita la economía para funcionar. Los pocos que genera la actividad comercial no alcanzan para satisfacer las necesidades de los importadores, de las empresas para cumplir con sus obligaciones y de ahorristas o especuladores.

Esa puja es la que mantiene la inestabilidad cambiaria, con un Banco Central que tiene en reservas menos que el equivalente a un año de importaciones y sin ninguna obligación para los exportadores de liquidar divisas la oferta seguirá siendo muy baja y la demanda muy alta.