Sigue la sangría de dólares y la depreciación del peso

Por: Fernando Alonso
22 de agosto de 2018

Debería ser sencillo entender qué pasa en la economía argentina si uno simplemente observa los números de la relación comercial y financiera con el mundo. En julio, el saldo comercial fue negativo (ya con el impacto de la devaluación) en 789 millones de dólares y las pérdidas de divisas llegó a 2.837 millones de dólares. En una economía doladependiente como la de Argentina, es inviable sostener ese nivel de fuga sin generar una crisis que se manifieste en una brutal devaluación, recesión, desempleo y conflictividad política y social.

Los números son todavía más impactante: el déficit comercial en los siete primeros meses llegó a u$s5.867 millones, la salida de capitales del sistema fue de u$s3.351 millones en el mes y más de u$s20.000 millones en el año. El saldo de la timba financiera (el ingreso de dólares versus el egreso destinado solo a la especulación con el peso) fue negativo en u$s1.064 millones (se llevaron más de la que ingresaron). Y se puede abundar en más datos (El Tesoro fue prácticamente el único oferente de dólares) que refleja siempre la misma realidad: una economía que apostó a la especulación financiera, que se abrió al mundo sin red y que primariza su producción.

El presidente Mauricio Macri insiste en responsabilizar a una tormenta perfecta desatada en el exterior y para enfrentarla decidió ratificar el rumbo que la provocó. Incluso la semana pasada festejó con operadores turísticos de centros de esquí el compromiso de invertir u$s8 millones en los próximos doce años y para estimularlos bajó los aranceles de importación de bienes que se podrían producir en el país y la tasa de IVA que pagarán los turistas que se esperan lleguen del exterior.

Exportación de productos primarios (granos, minerales, petróleo, gas) o de bajo valor agregado (aceites y harinas de soja) e importación de todo lo que consume el país es el planteo económico: por ahora no cierra ni con los u$s50.000 millones del FMI ni con el dólar a $31. Pero el Presidente ratificó el rumbo y envió un mensaje a los fondos de inversión que operan desde Nueva York para garantizar que irá a fondo con el plan acordado con el FMI y no habrá default. Si es así, el peso seguirá devaluándose, se profundizará la recesión y crecerá el desempleo. El punto de quiebre del modelo lo fijará la resistencia que opongan las organizaciones sociales y los partidos políticos. Por ahora, ceden.