El mercado mantiene el pulgar para abajo

Por: Fernando Alonso
27 de agosto de 2018

El pedido del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, para que el Fondo Monetario Internacional (FMI) adelante un desembolso de 3 mil millones de dólares y acepte los desvíos del programa equivale a un "waiver" aunque desde Buenos Aires y Washington busque evitar pronunciar la palabra que implica el incumplimiento del Gobierno de las metas que se comprometió. El uso de retórica puede ayudar para la política interna, donde tres de cada cuatro argentinos se pronunció en contra de regresar al FMI, pero no confunde al mercado: desde el primer día los analistas e inversores consideraron incumplibles las metas y se dedicaron a apostar en contra del peso. Las consecuencias están a la vista aunque no se la visibilice en los principales medios de comunicación del país: el dólar subió más de 50% en el año, la inflación se encamina a un 40% anual y los ingresos de las familias perderán con suerte solo 10% del poder de compra.

El dólar arriba de 31 pesos por unidad o el reconocimiento de Dujovne de que este año el PBI caerá 1% son solo las etapas que se van quemando día a día.

Hubo también en el fin de semana otra noticia que generó preocupación por la discrecionalidad que implica. El juez Claudio Bonadio determinó que la corrupción en la obra pública arrancó en 2008. No en la dictadura, No en democracia. No cuando Néstor Kirchner llegó al poder. Ni siquiera en la famosa reunión de 2004 donde según el empresario de la construcción Carlos Wagner se acordó la cartelización y el sistema de distribución y retornos. La fecha elegida deja deliberadamente fuera de la investigación la participación de la familia Macri en la trama de corrupción. Tampoco se investigará al dueño de la multinacional Techint, Paolo Rocca, quien reconoció el pago de sumas de dinero por favores que vinculó a la estatización en Venezuela de la empresa Sidor.

Si la Justicia no investiga a la familia del presidente ni al empresario más rico del país la lectura que se hizo es que la causa no busca develar la trama de corrupción sino solo mantener a determinados políticos y empresarios a merced de la voluntad del Poder. Los inversores, acá y en todo el mundo, saben jugar con la corrupción pero espanta la discrecionalidad justamente porque nunca nadie sabe en qué lado del mostrador le tocará estar en un cambio de vientos.

Por esa combinación de malas decisiones económicas y discrecionalidad judicial terminaron de caerse los contratos de construcción de obras a través del programa de Participación Público Privada (PPP). En octubre deberían empezar las obras en los seis corredores viales que se adjudicaron. Pero las empresas no están en condiciones de acceder al financiamiento de los bancos, quienes se bajaron de los proyectos cuando se conoció la investigación judicial de los "cuadernos de Centeno". Ese financiamiento privado era mucho más costoso que si el Estado se hacía cargo directamente. Se estima tres puntos más que la tasa que pagaría el país. Ahora, con el riesgo país en 700 puntos, cualquier financiamiento subía a los dos dígitos de tasa.

El Gobierno estaba dispuesto a pagar ese sobrecosto hasta que finalmente se cayeron los compromisos. Por eso este lunes decidió la creación de un fideicomiso administrado por el Banco Nación para financiar a las empresas. Ese fideicomiso será capitalizado sólo con aportes del Nación, 200 millones de dólares y 30.000 millones de pesos, esperando que en algún momento se sumen los privados.

Pero así como la decisión de Dujovne de pedir un adelanto de fondos al FMI generó inquietud en el mercado por la percepción de que el Gobierno está más lejos de lo que reconoce en recolectar los dólares necesarios para evitar el default; financiar a las PPP con el Banco Nación es la comprobación de que tampoco el sector privado está en condiciones de conseguir financiamiento ni dentro ni fuera del país.

El mercado tiene una posición clara: recién cuando el Gobierno demuestre que no necesita financiamiento estará dispuesto a prestarle... Mientras, seguirá yendo por las reservas internacionales del Banco Central, que sigue dispuesto a subastarlas a 30 pesos por dólar cuando en la calle la opinión es que la divisa sigue sin tener techo.