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El Gobierno sigue sin entender que el problema es la falta de dólares

Por: Fernando Alonso
28 de agosto de 2018

El equipo económico de Mauricio Macri sigue sin entender, o así lo parece, el origen de la desconfianza de los mercados que provoca está aceleración en la depreciación del peso y el desplome del valor bursátil de las empresas argentinas.

El Gobierno se encarga de mostrar los positivos números fiscales, el brutal ajuste del gasto público a nivel nacional y todavía mayor a nivel provincial, y repite una y otra vez que está garantizado el financiamiento para hacer frente al pago de servicios de la deuda de 2018 y 2019. "Nadie defoltea por u$s7.500 millones" que se supone es lo que resta conseguir para cubrir las necesidades de divisas.

El razonamiento es simple: "Estamos haciendo el ajuste en pesos y tenemos los dólares para pagar la deuda" y entonces no se explica el nivel de desconfianza.

El error parte de interpretar que el problema argentino es el tamaño del Estado y el déficit en pesos que genera su funcionamiento. El problema fue, es y en lo inmediato lo seguirá siendo la falta de dólares. No solo para que el Gobierno cancele sus compromisos. Sino fundamentalmente para que funcione la economía. Dólares para importar insumos. Dólares para pagar créditos externos. Dólares para cancelas las ON o bonos emitidos para captar financiamiento. Dólares para royalties. Dólares para ahorro y dólares para llevarlos a paraísos fiscales lejos de la inestabilidad argentina.

Y todos esos dólares son los que faltan garantizar en Argentina. Y en el contexto actual, el mercado considera que es responsabilidad del Gobierno abastecerlos. El problema es que se levantaron todos los controles a los flujos de capitales; se levantó la obligación de liquidar los dólares de las exportaciones; es ilusorio pensar en la llegada de dólares de Inversión Extranjera Directa y ya ni los dólares de la especulación financiera entran al país.

El ritmo de devaluación del peso está acelerando el proceso inflacionario. Hay coincidencia en que agosto cerrará con un IPC de 4%, décima más o menos. Y para el resto del año no hay cambio de expectativa. Cada peso que sube el dólar es una décima más que suma la inflación. Con un agravante: en el contexto de alta inestabilidad ninguna empresa se anima a fijar precios, por lo que es imposible anticipar una meseta en el proceso inflacionario.

La recesión que generó el Gobierno con la idea de bajar el consumo, disciplinar precios y generar saldos exportables derivó en una estanflación que complica políticamente por la escalada de la conflictividad social.

Por ahora, en la lectura del mercado el Gobierno cuenta con un buen respaldo de los principales fondos de inversión internacional. Le soltaron la mano los inversores de alto riesgo, pero aún lo sostienen fondos como el Templenton y el Black Rock que hicieron una apuesta en pesos muy fuerte al país y todavía no resolvieron pasarla a pérdidas. Son los fondos que el presidente Mauricio Macri irá a visitar cuando en septiembre viaje a Nueva York para participar de la Asamblea de las Naciones Unidas.

En cuanto el mercado empiece a sospechar que el presidente del BCRA, Luis Caputo, dejó de ser el amigo mimado, el proceso ganará una dinámica que obligará a Macri a decidir cómo quiere terminar su mandato.