El mercado saca cuentas mientras orejea la fortaleza política del Gobierno

El dólar a 40 pesos obliga a una pregunta para entender qué puede pasar: ¿es funcional al plan político, social y económico del Gobierno? En principio, se puede especular que la brutal devaluación del peso ayuda a una corrección de los problemas macroeconómicos y orienta la actividad productiva hacia el modelo que planteó el presidente Mauricio Macri basado en la primarización de las exportaciones -del complejo agropecuario pero también del energético y minero- con un fuerte impulso al turismo receptivo.

La velocidad a la que el mercado ajustó el valor del peso tiene demasiados efectos colaterales como para que el Gobierno no los ponga sobre la mesa. La inflación es el más inmediato: nadie espera ya que el año cierre con menos de 40% de aumento de precios y por el contrario, ahora se lo considera un nuevo piso; también la profundización de la recesión, que en principio se estimó en una caída de un punto del PBI para este año y un crecimiento nulo para 2019. Ahora se sabe será mayor este año y probablemente no reaccione el próximo aún con una excelente cosecha.

La combinación de inflación y recesión, conocida como estanflación, disparará el índice de desempleo arriba de los dos dígitos y el de pobreza por encima del 30% y probablemente arriba del 40 por ciento. Los datos del INDEC muestran que en los últimos 12 meses a junio pasado la inflación había acumulado 29,5% y los salarios un incremento de 23,3%. En julio y agosto esa diferencia se estiró y seguramente se acercará a 10 puntos la pérdida de poder adquisitivo. Lo mismo que se espera que pierdan como piso las jubilaciones y planes sociales.

La actividad industrial sufre el impacto de la devaluación sin plan y de la suba de la tasa de interés de referencia del Banco Central a 60% anual. Aunque en un contexto de crédito cero esa tasa pierde alguna referencia, tiene un impacto total en el capital de trabajo de las empresas y en el estiramiento de los plazos en la cadena de pago hasta virtualmente cortarla.

Entre los efectos que contabiliza el Gobierno, la velocidad de la devaluación acelera además la reducción del déficit externo: no solo se frenarán en seco importaciones (especialmente las de bienes de capital asociados a la inversión productiva) sino que también se espera que caigan las de bienes de consumo y muy fuerte el turismo emisor (la salida de argentinos) y hasta que se reduzca la salida de capitales por ahorro, fuga o giro de utilidades. El boom exportador y de llegada de turismo se da en el mediano plazo, si se sostiene esa competitividad ganada por la depreciación del peso.

Esa combinación de pros y contra en la visión oficial son los que alienta el acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional y que el presidente Mauricio Macri anticipó ayer que renegociarán para adelantar todas las metas fiscales comprometidas por el Gobierno y los desembolsos prometidos por el FMI.

El problema que enfrenta la administración de Macri es que todas las consecuencias se verán con el correr de las semanas y meses pero el Fondo quiere que queden por escrito, firmadas y selladas, no solo por el oficialismo sino también por la oposición, en especial la que pueda tener chances de imponerse el próximo año en las elecciones generales. Y eso solo se logrará si el Congreso aprueba el Presupuesto de ajuste 2019. Hasta la semana pasada, los gobernadores peronistas habían dado un primer aval: 75% de acuerdo, dijeron. Pero eso fue antes de la brutal devaluación del peso de esta semana. Ahora querrán sentarse a renegociar todo. En especial los recursos que se generen con la devaluación. Repitiendo una secuencia: ajuste, negociación, recesión, devaluación, vuelta a negociar. Una dinámica que encuentra un punto de quiebre cuando la conflictividad social afecte seriamente la gobernabilidad.

Mientras el Gobierno no logre firmar un compromiso con la oposición se espera que el mercado siga desconfiando. Y aún cuando el valor de la divisa alcanzó un punto equiparable a 2002, cuando se logró un período de superávit gemelos, fiscal y externo, nada indicará que se estabilice. El mercado saca cuentas con un ojo puesto en la fortaleza (o debilidad) política del Gobierno.