Devaluación, ajuste e inflación: ¿la crisis es un estado natural?
La crisis económica y social que vuelve a presentarse en nuestro país nos lleva a una pregunta existencial: ¿debemos admitir al estado de crisis como un estado propio de nuestro ser o responde siempre a la impericia de quienes toman decisiones?

federico mana chapa

Si deseásemos definir “crisis” deberíamos hablar de un momento de quiebre, de incertidumbre, de caída de paradigmas establecidos. Por ello es que podríamos identificar un momento crítico con un estado de angustia lo que nos llevaría directamente a sostener que, si es cierto lo que filósofos como Sartre aseguran respecto a que la angustia es una condición humana insoslayable, la crisis forma parte de nuestro ser.

De hecho las crisis parecieran ser tan propias de nuestra existencia que hasta les hemos puesto nombres como “crisis de los 40” o “crisis post parto”. ¿A qué se refieren estas expresiones? A momentos en donde parte de la población (claro está que no toda) se ve afectada por hechos específicos que hacen poner en duda todos los cimientos sobre los cuales ha estado fundamentada su vida. Quiénes somos, por qué elegimos lo que elegimos o qué importancia le damos a los otros, son entre otros tantos cuestionamientos, las puntas de lanza para mancillarnos a preguntas.

Ahora bien esta angustia existencial que nos sobreviene ya sea por la pesada responsabilidad de la libertad o por admitir que nuestro destino inexorable es la muerte, puede acompañarnos hasta en los momentos más felices por lo que, sumado a lo que hasta aquí hemos mencionado, obtenemos como resultado la idea de que la crisis es un concepto existencial y por ende, emergente de la condición humana. Pero ¿es esto último una justificación al momento que estamos atravesando en Argentina? ¿Debemos resignarnos a este estado de la situación por ser un hecho prácticamente antropológico?

En este sentido se manifiesta la polisemia de las palabras que tan bien la filosofía del lenguaje ha sabido reflejar. Podemos usar “crisis” para hablar (o discutir) sobre el ser humano, pero también para señalar acontecimientos históricos que no deberían ser señalados como “necesarios” sino como “contingentes”, es decir, que su origen no tiene que ver con un final predestinado.

En otro orden de cosas, es interesante destacar que la raíz etimológica de “crisis” es la misma que de “crítica”: la palabra griega krinein que significa “decidir”, “separar”. Por ello no es difícil llegar a la conclusión respecto a que los momentos críticos son momentos de discernimiento y de reflexión. Es tal vez este poder reflexivo el que se requiere en momentos como el actual para así poder observar los orígenes de lo que sucede y por qué no deberíamos pensar que lo que pasa responde al sentido existencial de la palabra “crisis”, sino más bien a su emergencia como consecuencia de las decisiones tomadas por un grupo de personas.

Podemos incluso aquí citar la “doctrina del shock” postulada por Naomi Klein al describir la forma en que el capitalismo amplía sus horizontes mediante el aprovechamiento de desastres naturales o, podríamos agregar, artificiales. Con la megadevaluación, el ajuste y la inflación la concentración de riquezas se vuelve más grande a costa de vulnerar la calidad de vida de gran parte de la población. Por lo tanto ¿podemos señalar a esta crisis como el resultado indefectible de que el ser humano vive en tensión constante?

Si queremos usar el término en una sola dirección podríamos responder afirmativamente, pero si hacemos uso del pensamiento crítico deberíamos poder distinguir bien entre “crisis” y “crisis”. Incluso, este pensamiento crítico (aquel que los teóricos del entusiasmo buscan repeler constantemente) nos puede enfrentar con nuestras propias decisiones logrando, mal que nos pese, que tomemos consciencia de la responsabilidad que nos compete por lo que estamos atravesando.

Para quienes gusten de ver a cada crisis como una oportunidad tal vez este sea el mayor provecho que puedan extraer: el volvernos más prudentes, críticos y responsables con el poder que tenemos en nuestras manos.