Un paquete de ajuste que condena a la recesión permanente

Por: Fernando Alonso
03 de septiembre de 2018

Macri presentó la primera parte del ajuste con el que busca recuperar la confianza de los mercados y frenar la devaluación del peso.

CHAPA FERNANDO ALONSO FIRMA

El gobierno de Mauricio Macri presentó este lunes la primera parte del ajuste con el que busca recuperar la confianza de los mercados y frenar la devaluación del peso y el alza del riesgo país en un contexto en el que la crisis golpea también a las empresas privadas que emitieron deuda en dólares y no tienen capacidad ni de saldarlas ni de refinanciarlas por la alta tasa de interés que deberían pagar.

Falta ahora mostrar si tiene el apoyo político suficiente para llevar adelante el ajuste y la política de Déficit Cero que propone. La opinión del mercado es directamente proporcional al movimiento del peso frente al dólar: cuando mayor es la depreciación del peso mayor es la desconfianza. Por lo que se vivió en la primera jornada, el Gobierno no convence pero todavía se le da una chance más.

A favor de los anuncios jugó que este lunes fue feriado en Estados Unidos y por lo tanto no operó la bolsa de Wall Street, donde el valor de las acciones de empresas y de los títulos públicos estuvo en caída las últimas semanas.

El paquete oficial se dividió en dos. Primero el discurso del presidente Macri, quien culpó a la pesada herencia y a los cambios en el mundo (que estaba en la previsión de todos los analistas menos en los que asesoran al Gobierno, parece), ratificó el modelo socioeconómico que plantea y anunció cambios en el gabinete que terminaron siendo mera cosmética. Después fue el turno del ministro Nicolás Dujovne de poner sobre la mesa las medidas que se tomarán para alcanzar el déficit cero el próximo año, lo que implicará un esfuerzo fiscal de 500 mill millones de pesos entre lo que se recortará y el aumento de recaudación por nuevos impuestos.

Ni el Presidente primero ni el ministro después pusieron sobre la mesa anuncios de medidas para reactivar la economía, que según los números de Hacienda la recesión este año provocará una caída 2,4% del PBI.

No es la primera vez que Argentina intenta salir de una crisis económica con ajuste del Estado y la promesa de déficit cero. En el fin de la convertibilidad, aunque no se tenga presente, se logró en 2001 un superávit fiscal después del recorte de 13% a salarios y jubilaciones publicas y el ajuste en Salud, Educación y Seguridad. Aún así no se logró evitar la crisis. Nada indica que ahora sea distinto. Por el contrario, la sensación instalada entre analistas económicos es que no hay límites al ajuste.

La salida que encontró Argentina estuvo siempre atada al desarrollo de su mercado interno, a la mejora del poder de compra de la población y a la inclusión al consumo de los sectores marginados.

El Gobierno está empeñado en demostrar que tiene las necesidades financieras cubiertas para el próximo año. En la presentación del ministro sólo restaba conseguir 2.500 millones de dólares que esperaban capturar con deuda en el mercado doméstico. Pero esa situación, aún en el supuesto que estén todos los dólares para pagar los compromisos, no considera las necesidades del sector privado. Los estimados 50 mil millones de dólares que necesita la economía argentina para funcionar: importar, pagar deuda de empresas, giro de utilidades, ahorro o fuga de capitales.

La estrategia del equipo económico sigue concentrada en conseguir pesos: ahora aplicará un impuesto de 4 pesos a las exportaciones primarias y de servicios y de 3 pesos al resto. Tuvo la oportunidad de atar la recaudación a la devaluación, fijando un impuesto que refleje el valor del dólar, pero otra vez priorizó el fundamentalismo ideológico. Tampoco anunció ninguna obligación de liquidar en el país los dólares de las exportaciones. De tal manera que el Gobierno ni tiene ingresos en dólares (pese a que su deuda está nominada en divisa) ni puede garantizar la provisión de dólares para el resto de la economía, dejando que pujen entre los sectores productivos y la especulación, que es la que suele imponerse.

Esa situación es la que está presente en la mirada de los inversores que deben resolver si se desprenden de los bonos o apuestan a la deuda argentina. Aunque la solvencia fiscal siempre es una bandera, están más interesados en ver la evolución de la economía en su conjunto. Si el Gobierno afloja con la mirada fiscal y toma medidas a favor de la producción y el consumo, rápidamente cambiarán expectativas y en lugar de observar una economía que se achica se percibirá una economía que genera oportunidades de negocios y que potencia las ganancias y rentabilidad de las empresas. Y la economía en su conjunto podrá generar los dólares que necesita: tanto por las exportaciones como por la llegada de inversiones para aprovechar oportunidades.

Este martes termina la tregua y se conocerá el veredicto del mercado sobre el nuevo (viejo) plan del Gobierno. Todo indica que el pulgar sigue para abajo.