La crisis "ya fue": ¿por qué nos gusta tanto "Bailando"?

09 de septiembre de 2018

El precio del dólar, la suba de los combustibles, la crisis económica y la inflación parecieran haber pasado a un segundo plano con el arranque de ShowMatch. ¿Por qué nos atrae?

federico mana chapa

Hubo que esperar hasta septiembre para que el obrar de Caputo se vea ensombrecido por Laurita Fernández o para que las palabras de Dujovne se desvanecieran ante la participación de Lourdes Sánchez en el VAR. No obstante, pese a tal espera, llegó el día en que Tinelli dio inicio a su show televisivo y así la sociedad argentina pudo encontrar otro ámbito de preocupación e interés.

Así entonces, a partir del último lunes todos los medios pudieron dar respiro al plano político-económico para poder narrar las polémicas surgidas en función de la reaparición de “Pampita” en el jurado del Bailando. Pero ¿no suena absurdo que la realidad de un país se vea puesta en segundo plano por un programa de la televisión? ¿Qué tan lejos está lo hasta aquí escrito de lo que sucede en la actualidad?

Si bien la crisis que atraviesa el país ha llegado al punto de no poder ser cubierta ni ocultada con nada, lo cierto es desde hace años el programa de Marcelo Tinelli se ha vuelto tema central de la sociedad que lo consume durante todo el día ya sea con las repeticiones o con los productos satélites que inundan la pantalla horas antes de su comienzo. Como si se tratase de una causa nacional, se le dedican horas de aire a las peleas entre participantes, discusiones, rumores de romance y críticas a sus actuaciones. ¿Cuál es el origen de todo esto? ¿La producción que genera el contenido o las personas que lo consumen y lo reclaman?

Quizás aventurarse a responder esta pregunta sea tan eficaz como adentrarse en el juego del huevo y la gallina, sin embargo es innegable el hecho en sí de la fascinación nacional por este producto que ya lleva años en la pantalla respetando un formato prácticamente igual temporada tras temporada. ¿Por qué gusta tanto? ¿Por qué su interés no decrece?

Aunque saltar de Polino a la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt pareciera un poco exagerado, tal vez sea este un camino exitoso para encontrar alguna respuesta a estas preguntas. El filósofo alemán Herbert Marcuse sostenía que el proyecto marxista debía propender a la liberación de las personas mediante la apropiación de los fines de la técnica para así lograr un crecimiento del ocio que permita desarrollar actividades erótico-artísticas que lleven a la felicidad a la humanidad.

Ahora bien, este proyecto parte de la idea de que en la actualidad ya existe tal tiempo de ocio pero es cooptado por la alienación que hace que los sujetos tengan una “libertad elegida”, esto es, se consideren libres por poder elegir qué comprar aunque nunca puedan ser capaces de reconocer las necesidades “no necesarias” que se les imponen ni elegir no consumir. Así pues, para reivindicar este modelo de explotación constante, se generan todo el tiempo deseos y productos que nos hagan superar el malestar pero que no nos hagan pensar en los orígenes del mismo para así poder reproducirlo.

En definitiva, podríamos decir que se inventa una industria del entretenimiento con el fin de hacernos olvidar nuestros males con el cuidado de no hacernos reflexionar respecto a por qué sufrimos los que sufrimos. Entonces ¿responde esta teoría a por qué nos gusta tanto el Bailando?

Podríamos decir que sí, que más allá del placer estético que pueda llegar a generar la producción audiovisual puesta en escena, la mayor parte del atractivo del show es su capacidad de involucrarnos en temáticas banales que nos alejen por un instante (instante claro que puede durar horas) de los problemas que atravesamos cotidianamente. Así, sería mucho más “sano” preguntarse por qué la madre de Laurita Fernández participa del certamen que preguntarnos por qué Argentina ha tenido que recurrir a ceder soberanía frente al FMI.

Por todo esto ¿significa entonces que ShowMatch nos aliena y con ello legitima un modelo de vida capitalista que explota a las personas al mismo tiempo que las aleja de toda posibilidad de pensamiento crítico?

El riesgo de esta pregunta es que, al intentar dar respuesta, confundamos causa con consecuencia porque señalar al programa televisivo como origen de nuestro malestar es sin duda un pensamiento falaz. No obstante, esto no significa que no debamos tener la suficiente precaución como para no perder nuestra capacidad crítica y así tomar conciencia de todos los factores que nos dominan aún cuando estemos preocupados por el futuro del Pollo Álvarez dentro del programa.

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