La confianza no regresa con la convertibilidad

Por: Fernando Alonso
13 de septiembre de 2018

CHAPA FERNANDO ALONSO FIRMA

La administración de Mauricio Macri y el Tesoro de Estados Unidos negaron estar trabajando en conjunto para que argentina adopte un sistema de convertibilidad como el que rigió durante la década del '90 pero no lograron convencer, en parte porque en el imaginario social y de los agentes financieros se trató de un plan económico que garantizó estabilidad y bajó la inflación sin tener presente su eclosión final.

Nicolás Dujovne y Mauricio Macri
Dujovne, el comunicado y Macri<br>
Dujovne, el comunicado y Macri

Los procesos políticos y económicos no se repiten iguales pero suelen tener puntos en común y eso es lo que parece estar negociando el gobierno con el Fondo Monetario Internacional y el Departamento del Tesoro: un plan de anclaje monetario y fiscal que frene la emisión de pesos si no tienen respaldo en dólares depositados como reservas en el Banco Central.

No se trataría de una convertibilidad a un valor fijo pero si de una garantía de que cada peso tendrá un respaldo en dólares, dejando el margen suficiente para una actualización de la paridad cambiaria que refleje por ejemplo la inflación o las mejoras de productividad: esto significaría que a lo largo de un año el dólar treparía menos que la inflación evitando la apreciación del peso como ocurrió en la convertibilidad de los '90. El ejecutor del plan original, Domingo Cavallo, percibió tarde el problema y lo intentó solucionar en su segunda etapa ya en el gobierno de Fernando de la Rúa atando el peso a un promedio entre el dólar y el euro y con la idea de ir sumando monedas a la canasta. La ley se llegó a sancionar pero la suerte del plan y del gobierno estaba echada.

Convertibilidad Dolar Peso.mp4

En cambio, la percepción es que una señal clara de que el Banco Central no emitirá pesos sin respaldo en dólares y que saldrá a vender todo lo que sea necesario para marcar un precio, con déficit cero para garantizar que el Gobierno no emitirá ni tomará nueva deuda y la presencia del FMI y el Tesoro de EEUU lograrían reestabler la confianza perdida y con eso iniciar un círculo más virtuoso con llegada de capitales que ayuden a poner en marcha la economía o por lo menos den aire para llegar con mejores chances a las elecciones presidenciales de 2019.

El plan de convertibilidad fue mucho más que atar la paridad del peso al dólar: incluyó medidas para prohibir la indexación de los contratos y el ajuste por inflación de los balances, ambas derogadas por gestión del ex presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger, el mayor responsable de adelantar la crisis del peso con la emisión descontrolada que hizo de Lebac. También la suspensión de las paritarias con aumentos salariales fijados por decreto que hicieron perder poder adquisitivo frente a la alta inflación del primer año. Otra gran diferencia es la cesación de pagos en el que estaba el país y que recién se revirtió un año después con el plan Brady. Ese default implicó menor necesidad de dólares el primer año y la garantía de ingresos de divisas después, con la regularización de la deuda, que abrió un período de alto endeudamiento. En esta oportunidad ya no hay lugar para emitir más deuda.

No parece estar dentro de las intenciones de este equipo económico y político reinstalar regulaciones como la prohibición de indexar contratos (por ejemplo, de alquileres) o derogar el ajuste por inflación que permitió este año.

El Gobierno sigue pensando que la recuperación de la credibilidad y de la confianza de los apostadores financiero surge de garantizar el repago de la deuda, ponerle un precio al dólar o ser alumno ejemplar del Fondo Monetario Internacional. La historia política y económica demuestra que las inversiones (reales y financieras) llegan cuando hay oportunidades de negocios y en Argentina solo se generan cuando se estimula el consumo interno vía mejora de los ingresos de los trabajadores y la inclusión de los sectores postergados.

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