¿Fue Rodrigo un verdadero ídolo?

07 de octubre de 2018

El estreno de la película de Rodrigo generó polémica entre sus familiares pero también abrió la posibilidad de cuestionarnos el rol del "ídolo".

federico mana chapa

Aunque pasaron 18 años desde su fallecimiento, pareciera que el fenómeno “Rodrigo” aún tiene vigencia. Es que con el estreno de la película que lo tiene como protagonista han resurgido polémicas y personajes de su entorno tal como acontecía a finales del siglo XX. Pero también ha renacido el mito del músico carismático, del referente de un estilo musical, del ejemplo del hombre del interior que “llegó”, del ídolo que se terminó de forjar con la tragedia de la muerte.

¿Por qué la sociedad construye, consume y venera a estos ídolos? En primera instancia debemos detenernos en el origen religioso de este concepto, ya que refiere a objetos simbólicos que representaban a la deidad y a los cuales se los adoraba con devoción, la llamada “idolatría”. A esto es a lo que refiere la prohibición del Antiguo Testamento de adorar imágenes ya que se las colocaba en el mismo lugar que la única y máxima figura: Dios.

Es decir, el ídolo tiene orígenes místicos, sobrenaturales, es una figura que trasciende el plano humano y es capaz de atraer a multitudes devotas que esperan de él o ella que les conceda un favor o participar de su gracia. ¿Qué diferencia hay con el hoy llamado “ídolo popular”? La cuestión de la trascendencia sobrenatural ya que hoy no son venerados por su sacralidad o por su conexión con lo superior, sino por sus dones y por la capacidad de generar representación e identificación.

No obstante podemos señalar, más allá de esta diferencia, ciertas similitudes entre el ídolo divino y el mundano que tienen que ver con las expectativas depositadas en ellos. Centrémonos en un ídolo musical como lo fue Rodrigo: la devoción popular lo inmortalizó en sus canciones, en su forma de ser arriba del escenario, en su idiosincrasia. Es decir se le quitó su condición humana, sus miserias, sus puntos bajos, su finitud.

Así pues pareciera que los ídolos no tienen derecho a caer, a estar mal, a ser diferentes de lo quede ellos se espera. Quizás por este motivo es que la película sobre su vida toma tanta trascendencia, porque pretende mostrar la contracara de la figura pública armada por la sociedad. ¿Será entonces la idolatría una manera de explotar a las personas?

Rodrigo falleció en un accidente de tránsito que se dio en el medio de un raid mediático y comercial de explotación de su ser. El ídolo para los demás nunca lo es para sí mismo porque se transforma en objeto de uso ajeno. La alabanza glorifica pero también cristaliza: dice que es bueno lo que se es pero también exige que eso no se modifique nunca. ¿Podríamos los humanos ser siempre iguales al modelo que los otros nos imponen?

Si “Rodrigo” es una marca, un símbolo o un tótem eso significa que lo hemos vaciado de humanidad para rellenarlo con nuestros anhelos, con nuestras crueles exigencias, aún hoy cuando han pasado años desde su desaparición física. Por eso es que la película puede funcionar tanto como homenaje (en función de rememorar su obra) como una renovación de la explotación de su figura maleable acorde a nuestros caprichos.

Podríamos decir por lo tanto que Rodrigo fue un verdadero ídolo no por todo lo que hizo y lo que ello significó en la sociedad, sino porque cumplió (y sigue cumpliendo) con las exigencias que hemos cargado sobre sus hombros. Hemos sido egoístas con él y lo seguiremos siendo mientras olvidemos su humanidad y lo forcemos a ser lo que nuestra ambición quiere que sea. Al fin de cuentas los inmortales nunca podrán descansar en paz.

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